Este blog refleja mis vivencias como maestra de baile desde hace mas de treinta años y algunas reflexiones a las que me ha llevado mi edad y mis experiencias personales.
Espero que estos textos os hagan pensar y que algunas personas los encuentren enriquecedores para su vida y su profesión.



Mostrando entradas con la etiqueta Reflexiones. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Reflexiones. Mostrar todas las entradas

domingo, 1 de abril de 2018

¿TE DEFINES COMO "UNA PERSONA AGRADECIDA"?


DAR LAS GRACIAS Y SER AGRADECIDO, NO ES LO MISMO


 
Mucha gente confunde decir muchas veces la palabra “Gracias” con “Ser agradecido”.
Desde pequeños, nos educan a dar las gracias por cada acción que se recibe, te abren la puerta y das las gracias, te ponen la comida y das las gracias. Si tus padres te han dado una buena educación, te han enseñado a usar la palabra Gracias como reacción instintiva. Eso esta bien, ser educado, esta muy bien, pero la usamos demasiadas veces por costumbre, porque es lo correcto, pero esta vacía de contenido, es la palabra correcta y ya está.

Ser agradecido, es algo muy diferente, es un sentimiento, es algo que crece por dentro cuando te das cuenta que alguien ha hecho un esfuerzo por ti.

Mucha gente usa la palabra Gracias para no deber nada a nadie, con pronunciar esta palabra, la supuesta deuda, queda saldada y no hace falta volver a pensar en ello. Para cosas pequeñas o eventuales, esta claro que basta, pero muchas de esas pequeñas acciones, hechas por la misma persona y desde el corazón, deberían despertar algo mas en la persona que lo recibe.
 
El que hace la acción, seguramente lo hace por instinto, porque le sale de dentro, pero ....
¿Que pasa con el que recibe esas acciones?

Vivimos en una sociedad bastante escasa de valores, educamos a que todo es debido, que cada ser humano tiene muchos derechos, pero muy pocas obligaciones.

Educamos a la individualidad, a pensar en uno mismo y a no preocuparse mas que por sus propios intereses. Educamos y educamos, pero el legado es de dudosa consistencia.

Hemos creado una sociedad de “Autistas” gente que comparte un espacio con otra gente, pero no saben nada del que esta a su lado, y la verdad es que no le importa nada saber si esa persona esta bien o mal, si es feliz o si necesita ayuda.

Una sociedad efímera, donde la gente esta sujeta a la misma obsolescencia que se dice tiene la tecnología actual. Todo el mundo es prescindible, puede que te falte durante un breve lapso de tiempo, y luego pasa al olvido.

Esa falta de reciprocidad, para mi, la da la falta de esos valores, esos que se van fraguando día a día, con esas pequeñas acciones que te vinculan a alguien.

 
Esta sociedad ha creado seres humanos, con escudo “Anti otros seres humanos”, personas impermeables a esas pequeñas acciones, que de ser vistas y apreciadas, nos harían surgir sentimientos, reacciones y con ellas relaciones. Hoy en día se habla mucho de relaciones humanas, pero en el fondo se huye de ellas.

 
Todo lo que nos rodea es un gran escudo para fingir que tenemos un entorno de personas e intereses, pero la verdad es que la sociedad es un gran montón de personas solitarias, que disimulan y temen dejarse conocer.

Nuestros abuelos creaban esos vínculos en el día a día, cuando decían “Esa es una buena persona”, no se referían a cuanto se había gastado en alguien, eran acciones diarias que dejaban huella en cuantos le rodeaban. Hoy, se valora la gente en función de su dinero o sus títulos, pero pocas veces sus acciones.

Desde hace unos años se ha puesto de moda hablar de “Educación emocional”, esta claro que es, una de las carencias mas importantes del ser humano actual.

Ser agradecido, se puede incluir en ese Pack de valores que faltan, y que se deben trabajar desde la mas tierna infancia.

Cuando alguien hace algo, nos deberíamos preguntar entre otras cosas:

-         ¿Esta obligado?

-         ¿Le ha supuesto un esfuerzo?

-         ¿Porque a mi?

-         ¿He hecho algo para merecer esa atención?
 
Estas preguntas y otras cuantas similares, como poco, me harán pensar en la persona que ha actuado, en mi, y en el valor de esa acción.

Esta claro que al principio la respuesta será “Da igual” o “El/Ella es así”, pero igual que en el anuncio de trafico, en el que la niña se sorprende porque el Padre da las gracias al coche por parar, el que analiza esas acciones, poco a poco verá o mejor dicho, se dará cuenta, que cada acción tiene un valor.

Cada acción es importante, y muchas pequeñas acciones tienen un valor.

Cuando esas pequeñas cosas son negativas, se dice una frase muy común “Es la gota que ha colmado el vaso”, ¿Porque recordamos y le damos importancia a las cosas malas y no a las buenas?

Yo creo que es un fallo de la educación que se da actualmente, todo lo malo persiste, lo bueno pasa desapercibido. Hay mucha gente buena, pero nos gusta mas darle importancia a las cosas malas. Para mi, el verdadero valor de la vida, es tener una huchita llena de esos momentos que te llenan el corazón. La verdadera pobreza no es la falta de dinero, si no, de esos detalles, y la verdadera soledad, es no tener a nadie con quien crear esos vínculos.
 
 
Espero que estas líneas os ayuden a pensar un poco en el mundo que nos rodea, en la gente que pasa por nuestras vidas.

Cada día haceros estas preguntas:

-         ¿He hecho algo por alguien?

-         ¿Han hecho algo por mi?

 
Ponlo todo en una balanza y decide si te hace falta ampliar tus miras, y crear esos vínculos que un día, te harán sentir el corazón lleno.



domingo, 15 de octubre de 2017

SER MAESTRO, UNA PROFESIÓN AGRIDULCE


 
Todo profesor, a lo largo de su vida profesional, da cientos de horas de clases, tal vez miles. Es una transacción comercial, en la que intentas hacer tu trabajo lo mejor posible, quieres que tus alumnos aprendan, a la vez que lo pasan bien. Los alumnos esperan de todo buen profesor, que les haga fácil el trance de aprender algo nuevo, sea lo que sea tiene que ser fácil y divertido, esas son las reglas del juego.

Si esperas ganarte la vida con este oficio, aceptas el reto y utilizas todos tus recursos para alcanzar a esos alumnos que, en el mejor de los casos, están en tus clases dos o tres años y luego siguen su camino.

Es ley de vida, un ciclo sin fin, en el que vuelves a empezar una y otra vez, guardas la pena de la despedida, y recibes con los brazos abiertos a ese nuevo alumno que empieza lleno de ganas.

Cuando empiezas a enseñar, todo es una ilusión, es emocionante aprender como se dan las clases, investigas y aprendes a tu vez. Le sigue una etapa de expansión, donde abres tu mente a todo lo que te pueda hacer crecer, tanto a nivel personal, como en tu faceta de profesor. Ver como logras tus objetivos es un orgullo, normalmente, ese momento profesional, transcurre en tu etapa de juventud madura. La gente te ve bien tanto física como profesionalmente y si eres una persona creativa, es un momento de gran satisfacción personal.

Cada nuevo ciclo de alumnos es una nueva oportunidad de aprender, un nuevo reto, pero pronto todo eso, se vuelve rutina. Los alumnos parecen los mismos, solo un poco menos disciplinados y con menos ganas, cosa que va quemando a ese profesor que aún necesita tener estímulos.

Entre los docentes académicos, esta etapa de rutina y cansancio, puede acabar en un cambio de profesión, o lo mas probable, en alguna que otra baja por depresión.

Los profesores de baile no tenemos esas opciones, está claro que puedes dejar el mundo del baile y dedicarte a otra cosa, esa opción siempre existe, pero quien ha bailado, sabe que esto es una droga que se te mete en la piel y ya no te puedes librar. Muchos profesores de baile, vienen de una vida profesional como bailarines, o por lo menos de haberlo intentado, las clases casi siempre son un plan B, por lo que la decisión de dejarlo, no es fácil, sería un segundo fracaso, por no hablar que muchos, a estas alturas de sus vidas, piensan que no pueden hacer otra cosa.

Todo el mundo necesita estímulos para levantarse de la cama cada día, los ciclos vitales se imponen y es imposible no plantearse a quien pasar esa herencia, esos conocimientos que tanto te ha costado aprender. En ese momento surge la figura del Maestro. Esa persona de mediana edad que ha acumulado respeto profesional, experiencia y unos conocimientos, que alguien debería querer aprender, como un tesoro que pasa generación tras generación.

Yo nací en una época donde existían los oficios, y estos se transmitían de padres a hijos, había la figura del “Aprendiz”, ese jovencit@ ávido de aprender, que estaba junto al profesional intentando recibir toda su sabiduría. Yo misma fui aprendiz junto a mi Maestra Mercedes Quesada y luego, recibiendo todo lo que me podían dar los profesores y maestros que tuve a lo largo de mi vida. Reconozco que tuve suerte al nacer en una generación en la que todavía estaban activ@s muchas figuras del mundo del Baile y pude aprender de ellos.

A lo largo de mi vida profesional, siempre he sentido la necesidad de transmitir lo que se, a mis alumnos. Algunos profesores son celosos de sus secretos, yo me siento feliz cuando veo a un alumno triunfar, y que lo hace porque yo le he enseñado. Lo que ocurre es que para que exista un “Maestro” tiene que haber un “Discípulo”.

Dicho así parece obvio, pero en la sociedad que vivimos, es casi “Misión imposible”. Vivimos un “Mundo al revés”, donde lo que antes se llamaba sabiduría, hoy se llama ser viejo y desfasado. Los jóvenes piensan que todo lo han inventado ellos, se les educa para tener un “Ego” por las nubes, donde ser agradecido, es un signo de debilidad y reconocer que alguien les enseñó, es como decir que ellos no son validos, por lo tanto, inaceptable.

En esta sociedad se valora la juventud por encima de la sabiduría, si tienes mas de treinta y cinco años ya estás en declive, cuando llegas a los cincuenta eres un “viejo al que se le está hiendo la olla” y a partir de esa edad, la pregunta es ¿Cuando te jubilas?

¿ESTAMOS LOCOS????

De verdad que no lo puedo entender, no entiendo esa presunción de algunos alumnos que borran de sus vidas y sus memorias, a los Maestros que les enseñaron, y dicen que aprendieron solos. Esas personas que se visten con las plumas del pavo, haciendo suyo lo que otros les regalaron.

Como decía antes, yo me siento orgullosa cuando uno de mis alumnos sale adelante. Me encanta ese momento en el que oyes a un alumn@ tuyo dar clase y escuchas una de tus frases, o le ves enseñar ese paso que tanto te costó que entendiera. Ese es un momento de gran satisfacción, le has regalado lo que a ti te costó tanto aprender y ves que a pesar de las luchas diarias, de las peleas y malos momentos, esa persona ha aprendido de ti y a su vez lo está enseñando. En ese momento te sientes “un Maestro”. La misma satisfacción se siente cuando uno de tus alumnos triunfa en el escenario o en cualquier otro sector de la vida, porque en ese momento, sientes que un poco de ti, sigue vivo en esa persona.

 
Esa es la evolución que todos los Maestros desearíamos, pero, por desgracia, esta sociedad no educa para eso, mas bien todo lo contrario. Se les enseña a repudiar al Maestro, ese alumno que te debería hacer sentir que vives en él, se avergüenza de reconocer como y con quien aprendió, te borra de su historia, y si puede, te pisotea por el camino.

Los jóvenes de esta generación necesitan vivir en manadas, donde el mas fuerte triunfa y los ancianos son alejados como si tuvieran la peste. Se sienten fuertes, solo rodeados por otros como ellos, el corazón se lo guardan en un bolsillo y viven según los cánones actuales del triunfador.

No se dan cuenta, que la vida es muy justa, y el joven de hoy es el anciano de mañana, dicen que “el Carma pone las cosas en su lugar”, no lo dudo, lo he visto en numerosas ocasiones, pero el Carma no cicatriza las heridas de ese Maestro despreciado en la plenitud de su vida, como si fuera un trapo viejo. Tal vez el alumno, al vivir lo mismo, aprenda cual fue su error, pero eso no me vale, si me hiciera feliz estaría deseando vengarme y no es lo que quiero. Es una pena que el hombre sea un “Animal” tan tonto que aprenda siempre tarde. No se puede volver en el tiempo y recuperar esos momentos perdidos, “todo lo que me quedó por aprender”.

Ser Maestro es un regalo que recibes de alguien que amaba su profesión, y te hizo que la amaras, un legado que se transmite, no se compra. Puedes pagar un millón de clases, pero si no hay alguien que te quiera enseñar, pasas por ellas como llegaste.

Muchos bailarines llegan a un punto en el que dicen “Estoy bloqueado, no consigo avanzar” se frustran y generalmente entran en un bucle, del que pocos salen. Mi opinión es que todos los bailarines antes o después, llegan a ese momento de “Ego” en el que piensan que sus Maestros ya no les pueden enseñar. Que ellos saben mas y que lo que se les dice es una perdida de tiempo. Ese momento, que parece no tener importancia, ha acabado con la carrera de muchas personas que, imbuidas de esa supuesta “Sabiduría”, dejan de aprender.

Los que habéis sido Maestros, me entenderéis, ese es el momento mas frustrante de un profesional, ves como todos tus esfuerzos no sirven para nada y cuanto mas intentas tirar de ese alumno mas te desprecia, es triste pero no te queda mas remedio que dar un paso atrás y ver como tu trabajo se va a la porra.

Ser Maestro es una vocación, es la mejor profesión del mundo cuando das con ese alumno agradecido, pero también es la mas frustrante, cuando ves tus esfuerzos diluirse en el “Ego” de ese alumno presuntuoso. Tengo cincuenta y cinco años muchos alumnos a mi espalda, no cambiaría mi trabajo por ningún otro, pero reconozco que hay momentos en los que me pregunto si tanto esfuerzo merece la pena.

La respuesta, es la que supongo habrán dado otros muchos maestros:

SOY MAESTRA, ES LO QUE SE HACER Y SI SOLO UNO DE MIS ALUMN@S, HABRÁ APRENDIDO DE MI, HABRÁ MERECIDO LA PENA.

 

¿SERÁS TU ESE ALUMN@?

viernes, 15 de septiembre de 2017

 

 

EMPATIA - DON Y CASTIGO DE SENTIR A LOS DEMAS
 
Hace casi un año que no escribía para el Blog, mil ideas inacabadas, que espero algún día tomen forma, pero nada que me diera el empujón definitivo para ponerme a escribir.
En este tiempo, un sin fin de acontecimientos han entrado y salido de mi vida, cosas buenas y malas, ilusiones y decepciones, muchos disgustos, lagrimas, y algunos momentos de alegría, que hacían que todo se borrara. La verdad es que nada se borra, solo se diluye, porque lo bueno siempre pesa mas que lo malo, pero esos momentos malos siguen al acecho y te hacen tomar decisiones, encrucijadas del camino, que día tras día, te hacen avanzar por el largo camino de tu vida.
 
 
Soy una persona reflexiva, y no puedo archivar las cosas que me pasan sin darles mil vueltas, las preguntas se suceden en mi cabeza ¿Porque ha pasado?, ¿Que ha generado esa situación?, ¿Podría haber hecho las cosas de otro modo?.
Generalmente me guío por mi instinto, mi intuición me suele alertar cuando las cosas no van bien, mi reacción suele ser intentar saber un poco mas antes de decidir, reflexionar, hablar y al final del proceso, DECIDIR.
En mi trabajo manda el sentido común, pero por desgracia, en mi vida privada, me dejo llevar demasiadas veces, por el cariño hacia las personas de mi mundo. Una y otra vez trago por situaciones, que mi orgullo me dice “No puedes aceptar eso”, “Te están tratando mal”, pero, a pesar de esos avisos de mi cabeza, a pesar de conocer las consecuencias de esos momentos, pongo por delante los intereses de mis seres queridos.
 
 
 
Es una rutina aprendida desde pequeña, me educaron en la empatía, lo que no sabía mi madre, cuando de niña me inculcaba esos principios, era que estaba creando en mi, un ser vulnerable, que una y otra vez sufre por ponerse en el lugar de “Otro”.
Dicho así suena raro, si nos educan para entender a los demás, no es nada malo, al contrario, yo creo que es lo que falta en esta sociedad, pero, cuando lo que le pasa a los demás lo haces tuyo, eso se considera “Intromisión”.
Soy una persona cauta, no me abro a cualquiera y menos dejo que cualquiera entre en mi vida. Suelo ser desconfiada, y eso hace que acepte a mi lado a muy poca gente, pero en cambio, me abro a ayudar, a todo el que pueda.
Cuando te comportas así, es muy fácil rodearte de gente aprovechada, que ve en ti, una posible fuente de ingresos, que te utiliza, y que piensa que te puede manejar.
“GRAN ERROR”
No se debe confundir tener un animo noble y con ganas de ayudar, con ser débil y manejable. Generalmente las personas como yo, somos muy conscientes de lo que pasa a nuestro alrededor, pero a pesar de todo, decides prestar tu ayuda.
A diario, es una lucha interna, sopesas pros y contras, lo que esta bien y lo que no quieres, le das mil vueltas a cada decisión, y hay momentos en los que la cabeza, parece que va a estallar.
El colapso total viene cuando, un día decides hacerte valer, y por fin, dices un “Hasta aquí”, en ese momento, que generalmente viene tras años de anularte a ti mismo, de hacer caso omiso de tus sentimientos, de no escuchar como te afecta cada situación, y de como te has sentido menospreciado una y otra vez. En ese momento, vienen las palabras fatídicas, esas que te rompen definitivamente en mil pedazos. Esa misma persona por la que has luchado tanto, te dice “Eres una egoísta que solo piensas en ti”
 
Dicen, que cuando tienes la conciencia tranquila, no te debería importar lo que los demás piensan, pero eso son patrañas.
 
Cuando decides ayudar, no lo haces esperando nada a cambio, no es una compraventa, no quieres que la otra persona haga nada, pero tampoco que sea tan insensible a todo lo que haces, como para no darse cuenta. Y mucho menos que desprecie tus acciones, diciendo, como he oído mas de una vez, “Ella es así”.
 
Si es cierto, soy así, preocuparme e intentar hacer todo lo que esta en mi mano, forma parte de mi carácter, pero nadie me obliga a ayudar, a dar y a preocuparme, es algo que elijo hacer y debe ponerse en el justo valor.
 
Algunos dirían que hablo así, porque me he rodeado de las personas equivocadas, puede ser, tal vez no he sabido elegir a las personas por las que me he preocupado, y seamos sinceros, me sigo preocupando. Pero no es fácil, cada decepción, me la tomo como una lección de vida e intento aprender de ella, pero la humanidad es como es, buitres al acecho, y distinguir entre todos ellos a quien merece la pena ayudar, es una tarea casi imposible. Solo te puedes guiar de tu corazón.

Cada día, se acercan a mi, personas de las que percibo cosas, energía positiva o negativa, que bloqueo una y otra vez. La dejo fluir porque no me afecta. Pero cuando es alguien que quieres, la cosa cambia. A veces intento distanciarme, pero no puedo evitar sentir lo que siente esa persona, y algo dentro de mi, me hace ponerme en su lugar, no lo puedo explicar de otra manera, son sensaciones, que quien las haya sentido, las entenderá.
Es como cuando una madre sabe que su hijo esta en peligro, solo lo sabe, no hay una explicación, solo debes valorar tus emociones y decidir si debes actuar, o estarte quieto.
Es una lucha continua con tigo mismo, pero a veces, no se debe intervenir, a veces, hay que dejar que cada uno recorra su camino y aprenda de sus errores. Otras en cambio, te involucras, y si está en tu mano, intentas ayudar.
 


 
En ese momento estas perdido, has tomado una decisión, la de dejar que los problemas de esa persona te importen, a partir de ese momento, empieza un camino que raras veces acaba bien.
Mientras estés dispuesto a darlo todo, a anularte una y otra vez por ayudar, todo va sobre ruedas. Al principio todo fluye, eres muy “maja”, todos son sonrisas y hasta te dan las gracias, pero el proceso sigue, cada vez la demanda es mayor, cada vez te involucras mas, y si le llegas a coger cariño a esa persona, ya estas perdido.
La etapa de agradecimiento suele venir seguida por la de exigencias, en ese momento es cuando caes en la trampa, tu cabeza te dice “Sal corriendo, esto no va bien”, pero si la persona en cuestión ha sido hábil, y se ha ganado tu cariño, “Tu, te quedas”.
En ese momento te empiezas a ignorarte a ti mismo. Pasas por alto situaciones, que tu orgullo no te lo habría permitido, viniendo de otra persona. Tragas y tragas, hasta que un día, te das cuenta que te estás anulando a ti mismo. Es la sensación de volverse transparente, tu ya no importas, te has vuelto un “Yonki” de la vida de otros. De alguna manera te has anulado tanto, que ese requerimiento constante de atención por parte de las personas de tu entorno, es lo que llena tu vida. Querer gente a tu lado estaría bien, todos necesitamos formar parte de algo, y que las personas que te importan formen parte de tu vida, pero en este caso no es así. La sensación es unilateral, tu sientes que esas personas forman tu vida, pero tu no estás en la de ellos, solo eres una herramienta mas, que usan cada día, y desechan cuando ya no la necesitan.
Mientras des y des, sin rechistar, todo está bien, pero si en algún momento alzas la voz y dices ”Soy una persona, yo también importo”, entonces eres “Egoísta”, eres alguien prescindible e incomodo.
Recibirás malos modos, exigencias, y toda clase de desprecios. Si aún así, sigues diciendo “Existo”, entonces el mas frió de los desprecios y serás apartado de sus vidas, ya no eres útil, solo eres alguien molesto, que se entromete.
 
En la cabeza surgen mil preguntas:
¿Debes luchar por esa persona? – Si pero dentro de unos limites razonables que no acaben con tigo.
¿Cuales son esos limites? – Esa es una pregunta difícil, cada uno tiene una capacidad de aguante y no creo que haya una respuesta, pero lo que si tengo claro, es que el momento que te sientas en peligro, “Corre”
¿Te debes sentir culpable por no hacer algo? – Creo que si tienes la conciencia tranquila de haber luchado y haber hecho todo lo que estaba en tu mano por esa persona, no te debes sentir culpable, pero es inevitable que te preguntes ¿Podría haber hecho algo mas?
Siempre hay algo mas que se puede hacer, pero, para ayudar, la otra persona tiene que querer ser ayudada. Si hay un NO por parte de esa persona, te debes apartar.
¿Te debes sentir culpable por sentirte mal? – Creo que sentirse mal en estas circunstancias, en algo normal, el cariño sigue existiendo y es inevitable que te duela alejarte de alguien que quieres.
¿Es malo llorar? – Tajantemente NO – Llorar es una de las mejores cosa que nos ha dado el cuerpo y la mente humana, es una forma sana de desahogo que, quien la niega, es que tiene miedo a romperse. Mucha gente piensa que llorar es de débiles, yo creo que es de fuertes, dejar que salgan los sentimientos y mas que alguien te vea en ese momento, no es un signo de debilidad, mas bien de que sabes quien eres, y no te da miedo ser vulnerable.
¿Como enfrentarte a ese momento de bloqueo? – No puedo dar una respuesta, cada situación es diferente y cada persona es un mundo, lo que tengo claro, es que demasiadas veces, se acaba tirando de “crear paredes”, que muy lejos de ayudar a solucionar problemas, los agrandan mas.
 
NO SE SI ESTAS REFLEXIONES DE MI VIDA PUEDEN AYUDAR A ALGUIEN. HABRÁ QUIEN REFLEXIONE Y LLEGUE A SUS PROPIAS CONCLUSIONES, Y QUIEN PIENSE, “VAYA LOCA ESTA”. YO SIGO LUCHANDO POR MI VIDA, POR LA GENTE QUE ME IMPORTA Y POR ENCONTRAR MI CAMINO.

¿TU QUE ESTAS HACIENDO?
 

sábado, 2 de abril de 2016

EL PAJARO LOCUELO


Este es uno de los cuentos que escribí hace unos años, en Octubre del 2012. Habla de la intolerancia, de como algunas personas tienen la mente tan cerrada, que rechazan todo lo que es diferente, espero que os guste.

 

EL PAJARO LOCUELO

Rosemary Cocchiglia Gambini

 

Cada mañana a lo lejos se oía un bello murmullo, por la lejanía no era fácil saber que clase de sonido era pero sonaba como el canto de una sirena.

Los habitantes de la aldea cada vez tenían mas curiosidad, habitualmente era un paraje tranquilo,  cerca del pueblecito se abría un desfiladero que les ofrecía unas vistas de cuento, en el fondo el intenso follaje del bosque parecía una gran alfombra verde que se teñía de colores con los cambios de estación. La paz y la tranquilidad era la tónica habitual de la vida cotidiana, hasta que una mañana, los vecinos se despertaron con un extraño cántico que les llegaba del bosque. Unos lo atribuían al viento, otros pensaron en algún alma, un fantasma retenido en el paraje que vagaba cantando cada amanecer.

La realidad era que nadie se había atrevido a bajar al bosque para comprobar que era ese sonido tan dulce y alegre. Las especulaciones eran infinitas, cada uno tenía su propia teoría, pero un poco por pereza y un poco por el miedo a esas historias que se contaban nadie quería ser el primero en dar el paso y saber la verdad.

Pitu, una pequeña niña de grandes ojos marrones y coletas rojizas, estaba fascinada por ese canto alegre que le venía a lo lejos, ella no tenía miedo a los fantasmas, su corta edad le daba ese toque de inconsciencia que la hacía ser atrevida y casi temeraria. Una mañana, se había despertado muy temprano, en el cielo todavía había estrellas y una inmensa luna llena que iluminaba el camino. Pitu miraba por la ventana esperando oír ese maravilloso sonido, pero cada vez estaba mas impaciente y de repente pensó, “Este es el día”, porque esperar si se podía acercar a ver de donde salía ese maravilloso cántico.

 
Dicho y hecho, no lo dudo, equipada con una pequeña mochila, en la que puso unos bizcochos, se encaminó hacia el horizonte.

El sendero que bajaba al barranco era escarpado, pero Pitu lo conocía muy bien, había jugado en él toda su corta vida, y a pesar de la oscuridad, lo bajó en un santiamén. Al final del sendero empezaba el bosque, era un entorno abrupto y frondoso que ella nunca se había atrevido a explorar. Las dudas asaltaron a la pequeña Pitu, que empezó a ver monstruos en cada sombra y dragones en cada rama. La niña estaba a punto de dar la vuelta y regresar a casa, cuando el sol asomó sobre los picos de las montañas, esos primeros rayos de luz parecían hacer huir a los dragones que se volvían bellas flores y ramas frondosas. De repente unas notas empezaron a sonar, era un silbido como si alguien tarareara algo, pero era alegre e irresistible. Los miedos de Pitu habían desaparecido y en su cabecita solo había esa idea, la de saber quien hacía esa música tan bonita.

Siguiendo la melodía la niña avanzaba entre las ramas, ya no había sendero pero eso no la frenaba, la melodía era cada vez mas fuerte e irresistible, un paso tras otro se iba acercando e ese precioso sonido hasta que detrás de unas matas pudo ver un claro, medio escondida se asomó, algo le decía que ese era el origen del sonido.



Los grandes ojos de Pitu se hicieron aun mas grandes, no podía creer lo que estaba viendo, el origen de esa bella canción era un gran pájaro. Un inmensa ave que saltaba y corría por el claro lanzando al aire unos sonidos, que repetidos por el eco, daban lugar a ese precioso cántico. En su plumaje se podían ver plumas azules, verdes, rojas y casi todos los colores del arco iris, una inmensa cola con largas plumas, le seguía dando un toque muy especial a sus movimientos, el saltaba a la pata coja como si jugara a la pídola y entrelazaba sus patas como un gran bailarín, sus movimientos eran erráticos y rítmicos giraba y saltaba, todo menos volar. El ave parecía feliz y esa felicidad era contagiosa, su conducta era muy rara, nada convencional y desde luego no era lo que se hubiese esperado de un pájaro, pero estaba claro que él no lo sabía y eso hacía que se sintiese bien, esa era su vida, no conocía ninguna otra, nadie le había dicho nunca que los pájaros no se comportan de ese modo.

La niña llevada por esa alegría salió de su escondite, quería unirse a la fiesta, pero su presencia consiguió el efecto contrario, el ave sorprendida se asustó, su cántico cesó de golpe y escapó entre la maleza. Pitu se sintió muy mal, ero como si le hubiese roto el plato favorito a su mama, no era lo que ella quería, desde luego, no le quería hacer ningún daño, solo quería ser su amiga. La niña compungida, sentía que debía hacer algo para que ese precioso ser supiese que ella era una amiga. Recordó los bizcochos que llevaba en la mochila, sería una ofrenda de paz, no sabía si los pájaros comen bizcochos, pero merecía la pena intentarlo.

Temerosa Pitu dejó uno de los panes en el centro de la explanada y se apartó. Unos minutos mas tarde notó como se acercaba alguien, llevado por el aroma de los dulces, el pájaro había regresado, los dos se miraban sin atreverse a hacer ningún movimiento, era una situación tensa, era evidente que ambos sentían curiosidad, pero con una tensa cautela que estaba desesperando a Pitu. La niña en un nuevo intento de acercamiento, empezó a tararear esa melodía que había escuchado tantas mañanas, tal vez ese era el idioma del ave, algo tan bonito no podía ser malo. El pájaro sorprendido se unió al cántico, sus patas empezaron a moverse y sin ser muy consciente de lo que hacía se acercó a la niña, algo en su interior le hizo confiar en ella, él sabía que no le haría daño y poco a poco, toda esa desconfianza inicial, se fue volviendo curiosidad.

Ese fue el comienzo de una gran amistad, Pitu cada día al amanecer, se acercaba al bosque a ver a su amigo con el que cantaba y bailaba despreocupada.

Tanto paseo de la niña, empezó a levantar habladurías en el pueblo, todos se preguntaban donde iría cada mañana y sobre todo, como sus padres no decían nada. Era una niña pequeña que cada día se alejaba sola, y si le pasaba algo.

Pitu había contado en casa su secreto, su familia la había acompañado al bosque y habían conocido a ese ser tan especial, ye eran muchos los que cada día se acercaban a la explanada para contagiarse de la energía de ese extraño ave que habían empezado a llamar “El pájaro Locuelo”, pero temían que las personas menos flexibles del pueblo, no entendieran la conducta de esa extraña ave. Un pájaro que en vez de volar salta, brinca y baila y en vez de piar, canta, es un bicho muy raro para cualquiera, que pasaría si esas personas intolerantes llegaban a saber de su existencia.
 

Los habitantes de la aldea se dividieron en dos bandos los que chismorreaban y hacían preguntas mordaces y los que, a escondidas, se unían al ave y danzaban felices todas las mañanas. Era un secreto a voces, cada día, una persona mas se unía a esa fiesta improvisada del bosque, todos eran personas de buen corazón y eso hacía que el pájaro locuelo les aceptara de buen grado, pero ya eran demasiados y mantener el secreto se hizo imposible.

La noticia llegó a oídos del alcalde, un hombre serio y poco amigo de fiestas. Uno se los vecinos, le había contado que en el bosque había un extraño personaje con una conducta mas que rara que rayaba la locura. No se si ese calificativo se puede aplicar a un ave, y menos a un ser feliz, que solo por tener una conducta diferente, llama la atención, pero esa palabra hizo que saltaran todas las alertas del pueblo. La gente ni siquiera sabía que estaban hablando de un pájaro solo sabían que había un loco en el pueblo. ¡Quien sabe que peligros les acechaban!, ¡Quien sabe si ese ser les traería la ruina!, el clamor popular iba en aumento, eran cuatro vecinas, cuatro urracas que solo querían malmeter, pero era suficiente para que el alcalde decidiera actuar.

¡Semejante criatura en su pueblo! Una de dos, o la tenía que prohibir o sacaría algún partido económico de esa situación, pero estaba claro que no se podía mantener al margen.

El alcalde reunió sus tropas, y a la mañana siguiente se encaminó al bosque, sabía donde buscar, bastaba con seguir la senda que tras semanas de idas y venidas por el bosque, se había abierto.

Cuando llegaron a la explanada y pudieron ver toda esa gente danzando y cantando entre carcajadas, el alcalde montó en cólera, eso era una bacanal en toda regla y en honor a la ley y a los buenos modales él lo debía impedir. Mandó que rodearan al grupo y que les apresaran a todos. Entre gritos y forcejeos todos los asistentes fueron apresados, hasta el pobre pájaro locuelo que al haber conocido a tantas personas buenas pensó que los guardias también lo eran y un poco llevado por la sorpresa, un poco por su incapacidad de volar, se vio enjaulado en la plaza del pueblo.

Tras el revuelo, las cosas volvieron a la normalidad en la aldea, bailar en el bosque no era ningún delito, por lo que los habitantes del pueblecito regresaron a sus casas sin problemas, pero el pájaro se quedaría enjaulado, un bicho tan raro no podía andar suelto, además sería un buen reclamo para que personas las aldeas cercanas vengan a visitar el pueblecito propietario de semejante prodigio.

El alcalde lo tenía todo claro, no consentiría rarezas en su municipio y ese bicho sería una buena fuente de ingresos.



Los amigos del ave habían protestado y se habían manifestado en contra de la decisión del alcalde, pero quien escucha a una niña y a unos raritos que iban a bailar con un pájaro al bosque. En el pueblo debía reinar la cordura y el alcalde haría que así fuese.

Pitu estaba muy triste, intentaba estar cerca de su amigo Locuelo, pero no la dejaban que se quedase con él y el pájaro cada día estaba mas triste. Ya no se oía ese cántico tan bonito, por las mañanas solo había silencio. Un silencio atronador que solo venía roto por el ruido de las máquinas que empezaban la faena diaria.

El ave nacida libre, no entendía como había llegado a ese horrible lugar, asfalto y barrotes en vez de plantas y naturaleza, eso le pasaba por haber confiado de esos seres a dos patas, que no entienden nada de nada. La pena se fue apoderando del pájaro locuelo, ya no quería comer, solo soñaba con esa libertad que había perdido.

Cada día alguien se ponía delante de la jaula y le gritaba cosas horribles que le hacían sentir mal. Nunca en su vida, se había planteado ser diferente, y además ¿diferente a que?, él era feliz siendo como era, nunca había echado de menos volar, hasta ese horrible día, en el que lo enjaularon. Esa no era vida para un pájaro cantor como él y además, no la quería vivir.

Todo el entorno se estaba contagiando de su pena, ese pájaro que un día llevó a la aldea tanta felicidad, con su energía y ese canto tan contagioso, ahora estaba transmitiendo todo lo contrario. No había ni un sonido, ni un gemido, pero ese silencio era suficiente para saber que las cosas no iban bien.

Poco a poco las plantas del lugar se iban secando, las cosechas no daban frutos y hasta el bosque, ese frondoso bosque lleno de flores se había vuelto un erial. Los niños no aprendían, porque solo pensaban en lo triste que estaría el pobre pájaro, y los adultos estaban desganados todo el día y descuidaban demasiado a menudo sus tareas. La aldea ya no era ese brillante lugar con gente hacendosa y feliz, solo era un pueblecito mas, con personas tristes que sobrevivían como podían.

Pitu ya no podía mas, tenía que hacer algo antes que su amigo el pájaro muriera de pena. Ya había intentado rescatar a su amigo, pero la habían pillado y le había caído una buena reprimenda, pero Pitu sabía que esa era la única solución. La primera en acercarse al ave había sido ella, si no hubiese sido tan curiosa nunca habrían descubierto a su amigo y no hubiese acabado entre rejas. La niña se atormentaba con esa idea y cada día vigilaba y vigilaba la jaula, con la esperanza de encontrar ese momento perfecto para llevar a cabo la fuga.

Una noche oscura, los guardias se habían dormido, ese era el momento, entonces o nunca. La pequeña niña se armó de valor y cortó las cuerdas que retenían al pájaro, el animal atónito ya no entendía nada pero estaba demasiado débil y no era capaz de andar. La niña no podía con ese inmenso pájaro, y por mas que tiraba de él, no conseguía que se moviera.

De repente, cuando menos lo esperaba, una mano la apartó, el corazón de Pitu dio un vuelco, la habían vuelto a pillar, cuando recobró el aliento miró a la jaula, esos humanos, amigos del pájaro Locuelo, que hasta entonces no habían tenido el valor de hacer nada, se habían unido a la niña, entre todos llevaron al pobre pájaro hasta el claro del bosque, le hicieron comer y poco a poco el animal fue recobrando sus fuerzas.

Locuelo estaba hecho un lío, ¿los humanos eran buenos o malos?, esos humanos parecían ser buena gente, pero y los otros, ¿ que les pasaba a los otros?, ¿Por qué se comportaban así?

Casi era de día y si las personas no querían ser descubiertos debían volver a la aldea y a sus tareas, estaba claro que, en cuanto descubriesen la jaula vacía todos esos defensores de la “Vida normal” pondrían el grito en el cielo e intentarían volver a capturar al pájaro Loquillo, pero sus amigos estaban firmemente decididos a impedirlo.

Cuando Loquillo se quedó solo en el bosque, se dirigió al antiguo roble, un anciano y sabio árbol, se podría decir que era el árbol mas viejo del lugar, y le planteó todas esas preguntas que le rondaban por la cabeza. El árbol con la sabiduría que dan los años, escucho todas las quejas de Loquillo.

El Roble asentía con paciencia y comprensión, cuando el pájaro por fin se callo, el roble meditó sus palabras y le dijo:

“Querido amigo, el mundo está lleno de seres de lo mas diferente, es el equilibrio cósmico, unos son buenos otros malos, unos altos otros bajos, unos tienen plumas otros pelos. Amar este mundo es aceptar esas diferencias, no siempre las entenderemos, pero debemos respetarlas. La mayor parte de los seres vivos del mundo, aceptan que otro pueda ser diferente, pero unos pocos, movidos por el miedo a lo desconocido, lo rechazan. Rechazan todo lo que no entienden, esas personas son las mas pobres del universo, su corazón carece de generosidad, y sus mentes son muy chiquititas, no seas como ellos y no los rechaces a priori. Esas personas tan cerradas solo nos deben dar pena, porque en sus vidas nunca sabrán lo que es imaginación, alegría, amor, amistad o felicidad, solo tendrán un vano espejismo de conceptos aprendidos, pero nunca se atreverán a experimentar la libertad que da ser diferente.”

Locuelo era un pájaro muy joven y, la verdad, no entendía muy bien esas palabras. El gran Roble era muy sabio y si lo había dicho sería cierto, pero que podía hacer un pajaruelo como él con ese consejo. ¿Se debía fiar, o no de los humanos?

Locuelo meditó y meditó, los humanos seguían bajando a verle, pero no todos conseguían acercarse a Locuelo, ese pájaro confiado y feliz, había aprendido el significado de la palabra “Precaución”, pero por desgracia, también la palabra “Desconfianza” y eso le tenía todavía mas confuso.

Locuelo había vuelto a su bosque, había vuelto a cantar y a bailar, volvía a ser feliz y poco a poco, esa energía había vuelto a toda la aldea.

El Alcalde y las cuatro Urracas, muy a pesar suyo, tenían a todo el pueblo en contra, y habían decidido aceptar que, desde que ese pajarraco se había marchado, todo iba mejor. Decirlo de esa manera, era mas fácil que admitir que estaban equivocados, pero la verdad era muy distinta.

Las gentes del pueblecito, y desde luego nuestra amiga Pitu, siguieron contagiándose de esa feliz locura que venía del bosque. Cada uno sacó sus propias conclusiones, pero lo que todos tenían claro, era que la vida era mejor de esa manera.

 
Pasaron los años, Locuelo ya no era un polluelo, no era ningún chaval, sus plumas ya no brillaban tanto, pero su canto seguía siendo hermoso. Nunca llegó a entender “lo de los humanos”, porque son tan diferentes unos de otros, pero lo que si sabía, es que había gente buena y que esos seres buenos, estaban camuflados entre la multitud.

Locuelo se había vuelto un pájaro mas sabio y mas cauteloso, pero lo que tenia claro, es que a él le gustaba ser como era, y si las personas decían que era diferente, pues entonces....
¡VIVA SER DIFERENTE!!!!!

 

Escrito por:  Rosemary Cocchiglia (Octubre 2012)