Fin de
Año, recuerdos, deseos y muchos mensajes, es momento de Fiestas y de abrazos,
de Felicitaciones y de sonrisas. Yo este año he decidido que mi deseo sea que
cada uno sueñe con lo que quiere para el 2016, respire hondo y a por ello.
Feliz 2016!!!!
Este blog refleja mis vivencias como maestra de baile desde hace mas de treinta años y algunas reflexiones a las que me ha llevado mi edad y mis experiencias personales.
Espero que estos textos os hagan pensar y que algunas personas los encuentren enriquecedores para su vida y su profesión.
Espero que estos textos os hagan pensar y que algunas personas los encuentren enriquecedores para su vida y su profesión.
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jueves, 31 de diciembre de 2015
viernes, 16 de octubre de 2015
Final de una etapa... Y el ciclo vuelve a empezar
Año tras año desfilan por una escuela
infinidad de personas, la señora que pregunta, el niño que le quitan porque no
estudia y la niña cuyos padres no tienen tiempo para ella, pero también ves al
alumno fiel que lleva años contigo y a la alumna que absorbe tus enseñanzas con
verdadera avidez.
Unos vienen, otros se marchan, unos dejan mas
huella y otros pasan por la escuela sin mas. El día está fragmentado en un
montón de pequeñas parcelas de entre una hora y hora y media, en las que el
ciclo empieza y termina, como si fuese un especie de paréntesis en la caótica
vida ciudadana.
Durante esa escasa hora el alumno espera de
ti que le diviertas, le hagas desconectar de la dura jornada y además que le
enseñes algo, a... por cierto, todo esto con una sonrisa como si el resto del
mundo no existiera.
Si eres un poco empático sientes como fluye
la energía de la gente, como ese estrés se va diluyendo y poco a poco logras el
objetivo, el alumno se va a casa renovado y tu te dispones a empezar un nuevo
ciclo, otra hora de “Renovación”.
Dicho así suena casi normal, pero os puedo
asegurar, que si de verdad te importa lo que haces, no es nada fácil. Ser un
buen maestro para mi no es solo enseñar esos pasos del estilo de moda, es
establecer ese intercambio emocional, con cada uno de esos alumnos que pasan
por tus manos cada día. Es un vaivén constante de emociones y agotamientos, que
al cabo del día, te deja exhausto.
Año tras año vas creando el habito, cada vez
resulta mas sencillo, pero tienes que luchar contigo mismo para no convertirlo
en rutina.
Creas cosas nuevas, inventas pasos o fusionas
esa disciplina de moda con algo creativo que te permite innovar. Vas luchando
con la monotonía, con el tedio de treinta años de profesión, que si bien son un
orgullo también son un lastre.
No me quiero desviar del argumento, pero
prometo escribir un articulo sobre como te ven tus alumnos cuando ya no eres un
jovenzuelo.
No voy a decir que todos los alumnos te dejan
huella, pero generación tras generación siempre surge ese alguien especial que
un día se dirige a ti y te dice “Quiero dedicarme a Bailar”
En ese momento pasa un Sunami por tu cabeza,
piensas:
¡Ho no! ya estamos otra vez, en décimas de
segundo pasan mil ideas por tu cabeza. Te preguntas ¿Esta persona lo va a
aguantar?, sabes que es una carrera dura llena de baches y no todo el mundo
puede salir adelante. Piensas ¿Con lo mal que está la profesión, como le
embarco en un reto semejante?, ser responsable de una decisión así no es nada fácil,
para que un alumn@ baile de verdad, es un compromiso mutuo a largo plazo, el
alumn@ tiene que querer y librar su batalla personal, con su familia, entorno y
con él mismo. Pero tu, como profesor, te embarcas en un reto, que por
experiencia sabes que no vas a salir bien parado.
Horas y horas de trabajo duro, noches sin
dormir y muchos quebraderos de cabeza para que al final ..... novias, estudios,
amigos o quien sabe que, esa persona que parecía tan decidida deja el baile y
todo tu esfuerzo se esfuma en el aire.
Cada curso es mas duro que el anterior, cada
año en Septiembre, te cargas de esa energía positiva que se necesita para dar
las clases, y cada curso ves como esa gente que ha florecido en tus manos
desfila hacia la puerta con la incógnita, volverán, no volverán.
Te da una rabia infinita ver que todo tu
esfuerzo se va de vacaciones, se aleja irremediablemente y a ti te que da solo
la incertidumbre de enfrentarte a un nuevo curso.
Es un vaivén que todo profesor conoce y que
muchos entenderán lo que se siente.
Por un lado, el cansancio del curso, te hace
desear tomarte también tu, unas vacaciones, pero sabes que en verano también se
come y que si no sigues trabajando no pagas las facturas. Por otro lado,
sientes un inmenso vacío interior al despedirte de tanta gente, con la que de
alguna manera, has llegado a conectar.
Año tras año, el mismo desgaste emocional y
año tras año, te repites, ¡No puedo más!, el año que viene tiene que ser
diferente, pero sabes que no va a ser así, las clases funcionan gracias a esa
conexión, si la rompes, se rompe la magia.
De alguna manera, esos alumn@s especiales,
esos alevines de Bailarín, son los que te hacen encontrar las fuerzas para
seguir adelante.
Año tras año, vuelcas tus energías para que
esas personas sean cada vez mejores, para que aprendan tus trucos y tus
secretos. En tu interior algo te dice “Vaya guantazo que te vas a llevar” pero
tu sigues empecinada en enseñar. Cabezonería, adicción o vocación, me lo he
preguntado muchas veces, yo creo que un poco de cada, pero ser maestro es pura
vocación.
Poco a poco te vas involucrando y en algunos
casos llegas a ser casi una madre. Yo si lo pienso debería tener carné de
familia numerosa. Te dices a ti misma, es por una buena causa, esta vez va a
ser diferente, pero el tiempo pasa y tu vas viendo como se acerca el momento,
ese fatídico momento en el que tu alunm@ te dice “Ya no se si quiero Bailar, el
baile era divertido, pero ahora es muy duro y ya no se si quiero seguir”.
En ese momento, suenan todas las campanas de
alerta que tienes en tu cabeza. Llegó el día, y te vas preparando física y
emocionalmente para despedirte de esa persona, que es como un hij@ y que sabes
que vas a perder.
Es un
proceso lento y doloroso, en el que ves como tu discipul@ se va alejando. Lo
ves claro, aun así haces los últimos intentos de luchar por esa persona, pero
un día ves que la decisión está tomada, has perdido la batalla.
Ese es
uno de los momentos mas duros si de verdad eres un maestro al que le importa su
trabajo. Si tu alumn@ se va a otra escuela, te dará rabia, pero por lo menos
otra persona podrá terminar tu trabajo, pero si lo deja, todo ese esfuerzo
habrá sido en balde.
Es
cíclico e inevitable, una y otra vez te dices a ti mismo, esta vez no voy a
caer, pero los maestros que lo habéis sido por vocación, me entenderéis, es una
trampa mortal en la que se acaba cayendo varias veces en la vida.
Con la
pena en el corazón, miras para adelante y empiezas un nuevo día, con esa
sonrisa que acostumbras poner en las clases y que esconde que estás hecho polvo
por dentro.
Tardarás
un poco en volver a juntar los pedazos, pero la vida sigue, tu sabes que has
luchado, y eso hace que tu conciencia esté tranquila. Te miras al espejo, es
inevitable preguntarte mil cosas, pero si puedes mirarte a la cara y decir “He
hecho todo lo que estaba en mis manos”, sabrás que un nuevo día se abrirá ante
tus ojos, esos ojos que esconden las lagrimas, para dar una nueva clase.
Porque el nombre de mi Blog
“Como ser profesor de baile y no morir en el
intento” unos pensareis que es un titulo en broma, otros que vaya nombrecito,
la realidad es que esa frase es lo que siento yo cada día al enfrentarme a mi
trabajo.
Dar clase parece que está de moda, clases de
baile en cualquier lugar, academias, salas, actividades extra escolares,
gimnasio y cualquier lugar que se os ocurra es apto para dar unas clase de
algo. Son muchos los que ven en las clases de baile la solución a sus vidas,
pero ¿es de verdad un trabajo tan fácil?
Yo creo que no, dar clase lo puede hacer
mucha gente, te pones delante de los alumnos y ala que te sigan, pero....
¿sabes que les estás transmitiendo?, ¿Eso que haces es lo mejor para esa
persona? podría formular un millón de preguntas que os harían pensar.
La gente ve dar clases como si fuésemos
funcionarios, yo voy, doy mi horita y a cobrar.
Si eso es así, vale para una temporada, si lo
que enseño está de moda a lo mejor vives unos años, pero... ¿Te has preguntado
a ti que te aporta?
Yo lo he hecho muchas veces a lo largo de mi
carrera, cada año es diferente y cada alumno te enseña algo, pero al fin y al
cabo la respuesta siempre es la misma:
ENERGIA PARA SEGUIR ADELANTE
Como ya os he dicho, a mi, dar cases, me
llena. Es un reto y una forma de vida, es el motor que hace que cada día me
levante de la cama con una nueva ilusión. No voy a mentir, cada clase es
distinta y las hay mas motivadores que otras, pero siempre que los alumnos me
dejan, pongo en ellas el corazón.
Yo se que en mi generación hay muchos
maestros que elegían dar clases por vocación, pero creo que cada vez se ha
vuelto mas un negocio, una mera transacción comercial. Yo trabajo, tu me pagas
y ya está. Para mi eso es un monitor, no un maestro.
Para mi ser maestro va mas allá de lo puramente
económico, a ver soy empresaria y por lo tanto se lo que es que a final de mes,
lleguen las facturas y las tengas que pagar, todos tenemos que comer, y porque
no hacer que nuestro trabajo sea valorado, pero yo necesito una parte emocional
en todo esto, necesito que mi trabajo me enriquezca.
A lo largo de mi carrera he buscado no solo
ser maestra, si no también ser mentora de
mis pupilos.
¿Sabéis la diferencia entre un Alumno y un
Pupilo?
Para mi un alumno es alguien a quien le
enseñas, te implicas durante el tiempo que está a tu lado y cuando sale por la
puerta cada uno sigue su camino.
Un Pupilo es alguien que ha decidido aprender
de ti, no solo algunos pasos de baile, si no las lecciones de vida que a ti te
ha costado tanto esfuerzo aprender, es alguien que está a tu lado con ansia por
recibir ese legado y que de alguna manera hereda tu esencia para que el día de
mañana, cuando ya no estés, lo que tu le has enseñado siga vivo en él o ella.
A lo largo de una carrera profesional pasan
por tus manos cientos de alumnos, yo puedo decir con orgullo que han sido unos cuantos
miles, pero he tenido muy pocos alevines de pupilos.
Tengo cincuenta y tres años y con pena tengo
que reconocer que he dejado mi granito de arena en varias personas, pero todavía
no he encontrado ese pupil@ que acepte el legado.
domingo, 11 de octubre de 2015
Porque escribo este Blog
De pequeña odiaba escribir, coger un boli era una tortura, pero estos últimos años es una necesidad que ha surgido en mi vida. Las personas cada vez viven mas aisladas, nos cuesta un mundo relacionarnos con los demás y la tecnología se ha adueñado de las relaciones personales. Toso se cuenta en las redes sociales y en mensajes de pocos caracteres, largas conversaciones de pocas líneas, llenas de dibujos para resumir y que sea lo mas rápido posible responder a ese mensaje que envié hace horas y tras una larga espera alguien me contestó.
Yo soy de una generación en la que se salías de casa y te acercabas a ver a tus amigos, las reuniones consistían en horas hablando y compartiendo ideas. Soy de una generación que escuchaba era oída.
A lo largo de mi vida he intentado mantener esos momentos de charla, de comunicación, pero la vorágine de estos tiempos hace que sea cada vez mas difícil. Mil ideas se agolpan en mi cabeza y al no poderlas expresar tanto como me gustaría, me han llevado a plasmarlas por escrito.
Durante algunos años mi forma de expresión ha sido en formato de espectáculo teatral, las producciones teatrales me daban la posibilidad de dar rienda suelta a mi imaginación en los guiones que he creado y compaginarlos con mi gran pasión que es la danza.
Cuando en el 2001 subí por primera vez uno de mis espectáculos al escenario del Teatro Infanta Isabel de Madrid, el formato que elegí era de lo mas innovador, me pasaba horas explicando lo que era una obra de Danza-Teatro. Hoy ya es habitual ver en los escenarios artistas polifacéticos, pero por desgracia la tecnología se ha adueñado también de ese mundo y lo que antes contaba una persona, hoy hay una inmensa pantalla de led que está retransmitiendo algo pre grabado.
Vamos que las palabras sobran cada vez mas, y yo me pregunto ¿Dónde queda el razonamiento, las experiencias personales y sobre todo hablar de lo que sientes? yo no me resisto a ser un autómata, nunca lo he sido y desde luego no voy a empezar a ser un borrego a mi edad.
Los alumnos y las experiencias de mi vida como docente me han enriquecido y quiero compartir esas experiencias con los demás.
Algunos pensarán: " Que presuntuosa, como si a alguien le importaran sus batallitas", bueno tal vez a esa persona no le lleguen a interesar, pero a lo mejor alguien algún día, lea este blog y lo que escribo en él le haga reflexionar, ese lector anónimo, hará que haya merecido la pena escribir y publicar.
Tal vez esa persona encuentre su camino en lo que yo le cuente o simplemente se sienta identificado. Tal vez alguien encuentre la fuerza para enfrentar un problema o como a mi me ha pasado a mi, la clave para desentrañar esa madeja que parecía no tener fin.
Algo sobre mi
Mi nombre es Rosemary, empecé a bailar con 4 años y la Danza ha sido mi vida desde entonces. Los escenarios me encantan, pero si me tengo que definir de alguna manera, soy "DOCENTE" hasta la medula.
Me gusta crear, soy bastante inquieta y necesito esa faceta de mi vida, saber que tengo algún proyecto nuevo entre manos me da vida, pero lo que me ha hecho crecer como persona es aprender para poder enseñar. Ver como, poco a poco, alguien aprende a mi lado y sobre todo ver que esos conocimientos siguen ahí pasado el tiempo, no tiene precio.
Empecé a dar clases de baile muy jovencita, en la escuela de mi profesora, una mujer muy estricta y distante pero que dejó una huella, una huella tan significativa que ha hecho que hoy en día yo siga bailando.
Me siento afortunada por haber sabido tomar algunas decisiones acertadas en mi vida y entre ellas fue abrir mi escuela de baile. Desde que abrí las puertas de mi centro, han sido 28 años de sacrificios, privaciones y mucho, mucho trabajo, pero es algo de lo que nunca me he arrepentido.
Todos estos años, han pasado por mis manos personas de todo tipo, puedo decir con orgullo que he tenido generaciones enteras que han estudiado conmigo, abuelas que fueron mis alumnas y con el paso de los años trajeron a sus hijas y nietas y hasta alguna bisnieta chiquitita, matrimonios y varios chicos que en su época fueron precursores en la danza. Me siento orgullosa de haberles enseñado a todos ellos, pero los que recuerdo con mas cariño, han sido todos los chicos y chicas que han aprendido a mi lado con el deseo de hacerse un futuro en el mundo del baile.
Desde que abrí mi escuela el reto mayor en mi carrera siempre ha sido trabajar con gente joven, esos alumnos adolescentes o en sus primeras etapas de vida, ese momento personal revuelto y difícil, pero que es la puerta para su futuro, siempre ha sido el reto mas enriquecedor de mi carrera profesional.
No os voy a mentir, por mi lado ha pasado mucha gente, unos han dejado un buen recuerdo y otros momentos tristes, pero de una manera u otra esas personas han dejado huella en mi y quiero pensar que yo en ellos.
Creo que esperar una vida perfecta es una utopía irreal, las cosas que resultan mas duras son las que mas te enseñan y yo he aprendido mucho de la gente que me ha rodeado. Para mi la vida perfecta no es la que está llena de riquezas, fiestas viajes o lujos, si no la que deja huella. Si a lo largo de la vida tienes la capacidad de afianzar tus ideas y hacer que los demás puedan compartir alguna, si cuando ya no estés alguien se acuerda de ti, tu vida habrá merecido la pena.
Día tras día ese es mi lema, cada día me levanto con el firme propósito de ser yo misma, guste a
quien guste y pese a quien pese.
Soy una persona vital y fuerte que se enfrenta a cada día como un nuevo reto, que defiendo mis ideas aunque me aporten algún enemigo y que no tengo miedo a decir lo que pienso, se que alguien en algún momento aprenderá algo de mi como yo he aprendido y sigo aprendiendo de todos los que me rodean.
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