Este blog refleja mis vivencias como maestra de baile desde hace mas de treinta años y algunas reflexiones a las que me ha llevado mi edad y mis experiencias personales.
Espero que estos textos os hagan pensar y que algunas personas los encuentren enriquecedores para su vida y su profesión.



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jueves, 22 de febrero de 2018


HACER PILATES, ¿UNA MODA O ALGO SALUDABLE?

¿Te has preguntado si sabes como elegir el mejor sitio para hacer Pilates?


Ya hace algún tiempo que la practica del Pilates se ha difundido muchísimo. Academias, Escuelas, Ayuntamientos, piscinas y sobretodo gimnasios, ofrecen clases de esta disciplina, pero no en todos los sitios se da de la misma manera, no todo el que enseña, tiene la misma preparación. Es una actividad muy recomendable, pero a menudo se oyen comentarios negativos o gente que se ha hecho daño. La respuesta a esto, es que igual que en otras disciplinas, bajo el mismo nombre comercial se incluyen actividades muy diferentes y no todas valen para todo el mundo.

Para que entendáis a que me refiero, bajo este conocido nombre se incluyen lo que yo dividiría como tres líneas de trabajo personal:

-         Pilates como rehabilitación

-         Pilates actividad física para evolución personal

-         Pilates como entrenamiento tipo Fitness

 También hay una gran variedad de ofertas, en espacios mas o menos acondicionados con maquinas, y en grandes superficies para grupos numerosos. El mercado y mas en un producto tan de moda, es muy variado, pero debemos elegir concienzudamente como y quien nos imparte esta disciplina, para que sea una experiencia positiva y duradera.


METODO PILATES

Para entender la diferencia entre los varios estilos hay que entender que es el Pilates como lo ideo su creador. Hay muchas publicaciones sobre los orígenes del Pilates, no voy a contar la historia de Joseph Pilates, pero si quiero analizar algunos apuntes históricos, que nos llevarán entender mejor esta filosofía de vida.

Joseph Pilates nace a finales del siglo pasado en Alemania, se traslada a vivir a Inglaterra donde practica Boxeo, trabaja en el Circo como acróbata  y vive la dura experiencia de la 1ª Guerra Mundial en la que fue enviado a un campo de concentración. Ese momento despierta su creatividad y empieza a fraguar su método de trabajo como método de resistencia física y rehabilitación, basta ver las primeras y rudimentarias maquinas que inventa, para darse cuenta que era un hombre de recursos.
 



Tras algunos años en Alemania, en los que trabaja muy de cerca con Bailarines de Ballet, de los cuales toma muchas sensaciones y dinámicas de trabajo, se ve arrastrado de nuevo al mundo militar. En la que fue la decisión mas importante de su vida y para no entrenar a la policía militar Alemana, Joseph Pilates se va a vivir a Estados Unidos donde fija su residencia con su mujer, compañera de vida y de trabajo. En esos años de nueva vida, fragua lo que él llamaba “CONTROLOGÍA”, un método de ejercicio físico que reunía varias filosofías como la técnica clásica, el Yoga, la resistencia física, técnicas de respiración y sobre todo, el control mental, punto de unión de todas ellas.

 

Hay que plantear algunas premisas, para entender de donde sale su método. En Europa se imponía en la Danza Clásica la Técnica Vaganova, una forma de danza clásica vigente aún hoy, en la que prima el control corporal y la resistencia física, sobre otros valores.

Los años de trabajo con Bailarines, hacen que muchos de esos conceptos estén muy arraigados en lo que hoy lamamos Método Pilates.

En esa generación el ejercicio físico era primordialmente para hombres, las clases de educación física se daban por separado para chicos y chicas y a las mujeres se las orientaba hacia otras disciplinas mas comedidas. Pilates quiso crear un método que incluyera hombres y mujeres, pero es evidente que sus comienzos no eran para cuerpos poco preparados, basta ver la dureza de sus ejercicios, que por otro lado, respondían a las costumbres de la época.

Es divertido ver algunos artilugios que creó, como la balanza para el equilibrio y la extensión de la columna. En aquella época las “Señoritas bien” recibían una educación muy singular, en la que se trabajaba la postura poniendo un libro sobre la cabeza y obligándolas a mantenerlo en equilibrio.
 


A lo largo de su carrera Joseph Pilates perfeccionó su método y creó aparatos mas sofisticados para potenciar, corregir y desarrollar las coreografías que hoy conocemos como “Método Pilates”.

Después de su muerte y tras una dura batalla legal por los derechos sobre el nombre y el método, se comercializa y empieza la escalada de expansión que llega hasta nuestros días.

 

Los Maestros de Ballet de mi generación, recordamos que de pequeños, las clases empezaban con unos ejercicios de suelo, rutinas que hoy se comercializan como “Pilates Mat”.

La Danza Clásica en los últimos 50 años ha sufrido un gran cambio, a principio de siglo el bailarín se movía por fuerza bruta, se potenciaba la musculatura y los movimientos se hacían por rutinas, sin demasiados conceptos de anatomía.
 

A lo largo de estos años, la ciencia ha evolucionado, y nos ha dado un concepto muy distinto de nuestro cuerpo. Al conocer mejor nuestro cuerpo, se han incorporado factores facilitadores del movimiento, se ha evolucionado en el estudio del movimiento (Kinesiología) y se ha aprendido sobre la importancia de la nutrición, los estiramientos o el uso de técnicas de fisioterapia en el ejercicio del movimiento.

Todo esto ha hecho que el “Método Pilates” siga siendo un buen trabajo, pero se deba analizar y actualizar, a los criterios docentes actuales.

Al final de este Post os dejo algunos videos mas, para que podáis juzgar por vosotros mismos al ver como se trabajaba en aquella época.

 



DIFUSIÓN DEL PILATES


La indudable utilidad del trabajo del Sr. Pilates, no ha sido inmune a la vorágine comercial de las marcas de moda en gimnasios y otros lugares donde se practica el ejercicio físico. A lo largo de estas décadas nos han invadido varias tendencias como el Aeróbic, la Batuka y recientemente el Zumba, todos nombres comerciales impulsados desde marcas y derechos de explotación.

El Pilates no ha sido inmune, y la indudable validez del método, se ha visto empañada por la vena comercial y las titulaciones que han surgido de centros de Fitness.

La complejidad de algunos movimientos y los conocimientos indispensables de anatomía, hacen que surja la división entre el Pilates impartido por profesionales formados, que trabajan con el alumno de una forma personalizada y en clases particulares o grupos muy reducidos, y lo que se vende como Pilates pero realmente es una Gimnasia de Mantenimiento, impartida en grupos grandes sin el control que debería tener.

Lejos de criticar a los verdaderos profesionales de esta disciplina, creo que se debe poner en valor la gente que estudia y se forma durante años, con conocimientos, no solo del método, si no de anatomía, kinesiología, fisioterapia, danza y un sin fin de estudios más, que llevan a ese maestro, a tratar a su alumno, con la profesionalidad que se merece.

 


COMO ELEGIR EL METODO PILATES QUE MEJOR ME VA


Cuando alguien decide hacer Pilates, debe plantearse algunas preguntas previas:

 

¿Por que he elegido hacer Pilates?

Si los motivos son de salud, algún problema físico que necesite rehabilitación, la elección del centro debe ser siempre ponerse en manos de un profesional bien formado, que trabaje de una forma personalizada mi problema. No debo empezar en grupos numerosos, la forma aconsejable, es tomar algunas clases particulares o muy reducidas, donde el profesor me pueda explicar con claridad las bases del trabajo y diseñar clases específicas para mis necesidades.

 

Si lo que busco es una actividad física moderada, pero que me ponga en forma, el trabajo en un centro con aparatos, me puede dar esa tonificación que quiero.

Es importante aprender a manejar los aparatos, muelles y resistencias correctas, para conseguir los efectos buscados, sin lesionarme.

 

En el Gimnasio me han recomendado hacer Pilates, para iniciar la actividad en un gimnasio o un lugar donde se toman clases en grupo, lo primero que debo plantearme es si ya he practicado algún tipo de ejercicio físico, si tengo control sobre mi cuerpo, y si se controlar mis posiciones y sensaciones sin ayuda. Si la respuesta es SI, puedes apuntarte al gimnasio, si es NO ten cuidado, los ejercicios de Pilates bien guiados son muy saludables, si no, te puedes hacer daño.

 
COMO EVALUAR SI ESTOY APRENDIENDO DE UNA FORMA CORRECTA

Es difícil hacer una auto evaluación, a veces los dolores de las agujetas se confunden con lesiones. Estas son algunas pautas que te pueden ayudar:

-         ¿El profesor me han preguntado algo sobre mi actividad física, trabajo o estado físico antes de empezar las clases?

-         ¿Me han hablado de conceptos básicos como, la elongación de columna, el suelo pélvico, la estabilización escapular, la musculatura del abdomen y otros conceptos básicos que el alumno debe conocer?

-         ¿El profesor me hace correcciones personalizadas?

 
Hay muchas mas preguntas pero, si la respuesta a estas tres es No, te deberías plantear probar algún otro sitio. En cualquier caso, escucha a tu cuerpo, cualquier actividad física es para encontrar nuestro bienestar, si la evolución que experimentas es positiva, has acertado, si no, tal vez no sea la actividad la que falla, si no la forma de tomar esas clases.



¿QUIEN PUEDE PRACTICAR PILATES?

El Pilates es bueno a cualquier edad, siempre que entres en un grupo orientado a tus necesidades. Igual que la danza Clásica, actividad hermana con la que va de la mano, se puede practicar desde pequeños hasta avanzada edad. Es un buen trabajo para las embarazadas y para la recuperación post parto, pero bien hecho, es algo fundamental en la madurez. Cuando tu cuerpo empieza a rechinar y los años pasan factura, un buen trabajo de Pilates te volverá a dar esa energía que necesitas para enfrentarte al día a día.

¿EL PRECIO IMPORTA?

No lo dudes, vivimos en una sociedad de consumo, a todos nos cuesta llegar a final de mes, y a veces, las ofertas de precios “low cost” pueden deslumbrarnos. Pregunta, infórmate y elige bien. A veces lo barato, sale caro, si por elegir el sitio mas económico te haces daño, no habrá merecido la pena.
Por suerte, el mercado ofrece un sin fin de opciones, lo mas importante, es quien te va a dar esas clases, un buen profesor, estará pendiente de tus movimientos y te guiará con pericia, para que el resultado sea bueno para ti. Eso es lo que mas vale, todo lo demás es humo.

EL UNICO CONSEJO VALIDO, ES QUE TE INFORMES BIEN ANTE DE ELEGIR Y QUE SIEMPRE TE PONGAS EN MANOS DE BUENOS PROFESIONALES QUE TE GUIARÁN.
 
 
Articulo escrito por: Rosemary Cocchiglia - Estudio de Danza Gambini
 
ALGUNOS VIDOS MAS, QUE PUEDEN SER INTERESANTES
 
TECNICAS DE ENTRENAMIENTO Y GIMNASIA A PRINCIPIOS DE SIGLO
 
LA ESTRECHA COLABORACIÓN DE JOSEPH PILATES CON ANNA WOLLEY SHAFFER (BAILARINA)
 
LA DUREZA CON LA QUE SE TRATABA EL CUERPO HUMANO A LA EPOCA DEL SR. PILATES ES EVIDENTE
 
UNA DE LAS BIOGRAFÍAS DE JOSEPH PILATES

domingo, 15 de octubre de 2017

SER MAESTRO, UNA PROFESIÓN AGRIDULCE


 
Todo profesor, a lo largo de su vida profesional, da cientos de horas de clases, tal vez miles. Es una transacción comercial, en la que intentas hacer tu trabajo lo mejor posible, quieres que tus alumnos aprendan, a la vez que lo pasan bien. Los alumnos esperan de todo buen profesor, que les haga fácil el trance de aprender algo nuevo, sea lo que sea tiene que ser fácil y divertido, esas son las reglas del juego.

Si esperas ganarte la vida con este oficio, aceptas el reto y utilizas todos tus recursos para alcanzar a esos alumnos que, en el mejor de los casos, están en tus clases dos o tres años y luego siguen su camino.

Es ley de vida, un ciclo sin fin, en el que vuelves a empezar una y otra vez, guardas la pena de la despedida, y recibes con los brazos abiertos a ese nuevo alumno que empieza lleno de ganas.

Cuando empiezas a enseñar, todo es una ilusión, es emocionante aprender como se dan las clases, investigas y aprendes a tu vez. Le sigue una etapa de expansión, donde abres tu mente a todo lo que te pueda hacer crecer, tanto a nivel personal, como en tu faceta de profesor. Ver como logras tus objetivos es un orgullo, normalmente, ese momento profesional, transcurre en tu etapa de juventud madura. La gente te ve bien tanto física como profesionalmente y si eres una persona creativa, es un momento de gran satisfacción personal.

Cada nuevo ciclo de alumnos es una nueva oportunidad de aprender, un nuevo reto, pero pronto todo eso, se vuelve rutina. Los alumnos parecen los mismos, solo un poco menos disciplinados y con menos ganas, cosa que va quemando a ese profesor que aún necesita tener estímulos.

Entre los docentes académicos, esta etapa de rutina y cansancio, puede acabar en un cambio de profesión, o lo mas probable, en alguna que otra baja por depresión.

Los profesores de baile no tenemos esas opciones, está claro que puedes dejar el mundo del baile y dedicarte a otra cosa, esa opción siempre existe, pero quien ha bailado, sabe que esto es una droga que se te mete en la piel y ya no te puedes librar. Muchos profesores de baile, vienen de una vida profesional como bailarines, o por lo menos de haberlo intentado, las clases casi siempre son un plan B, por lo que la decisión de dejarlo, no es fácil, sería un segundo fracaso, por no hablar que muchos, a estas alturas de sus vidas, piensan que no pueden hacer otra cosa.

Todo el mundo necesita estímulos para levantarse de la cama cada día, los ciclos vitales se imponen y es imposible no plantearse a quien pasar esa herencia, esos conocimientos que tanto te ha costado aprender. En ese momento surge la figura del Maestro. Esa persona de mediana edad que ha acumulado respeto profesional, experiencia y unos conocimientos, que alguien debería querer aprender, como un tesoro que pasa generación tras generación.

Yo nací en una época donde existían los oficios, y estos se transmitían de padres a hijos, había la figura del “Aprendiz”, ese jovencit@ ávido de aprender, que estaba junto al profesional intentando recibir toda su sabiduría. Yo misma fui aprendiz junto a mi Maestra Mercedes Quesada y luego, recibiendo todo lo que me podían dar los profesores y maestros que tuve a lo largo de mi vida. Reconozco que tuve suerte al nacer en una generación en la que todavía estaban activ@s muchas figuras del mundo del Baile y pude aprender de ellos.

A lo largo de mi vida profesional, siempre he sentido la necesidad de transmitir lo que se, a mis alumnos. Algunos profesores son celosos de sus secretos, yo me siento feliz cuando veo a un alumno triunfar, y que lo hace porque yo le he enseñado. Lo que ocurre es que para que exista un “Maestro” tiene que haber un “Discípulo”.

Dicho así parece obvio, pero en la sociedad que vivimos, es casi “Misión imposible”. Vivimos un “Mundo al revés”, donde lo que antes se llamaba sabiduría, hoy se llama ser viejo y desfasado. Los jóvenes piensan que todo lo han inventado ellos, se les educa para tener un “Ego” por las nubes, donde ser agradecido, es un signo de debilidad y reconocer que alguien les enseñó, es como decir que ellos no son validos, por lo tanto, inaceptable.

En esta sociedad se valora la juventud por encima de la sabiduría, si tienes mas de treinta y cinco años ya estás en declive, cuando llegas a los cincuenta eres un “viejo al que se le está hiendo la olla” y a partir de esa edad, la pregunta es ¿Cuando te jubilas?

¿ESTAMOS LOCOS????

De verdad que no lo puedo entender, no entiendo esa presunción de algunos alumnos que borran de sus vidas y sus memorias, a los Maestros que les enseñaron, y dicen que aprendieron solos. Esas personas que se visten con las plumas del pavo, haciendo suyo lo que otros les regalaron.

Como decía antes, yo me siento orgullosa cuando uno de mis alumnos sale adelante. Me encanta ese momento en el que oyes a un alumn@ tuyo dar clase y escuchas una de tus frases, o le ves enseñar ese paso que tanto te costó que entendiera. Ese es un momento de gran satisfacción, le has regalado lo que a ti te costó tanto aprender y ves que a pesar de las luchas diarias, de las peleas y malos momentos, esa persona ha aprendido de ti y a su vez lo está enseñando. En ese momento te sientes “un Maestro”. La misma satisfacción se siente cuando uno de tus alumnos triunfa en el escenario o en cualquier otro sector de la vida, porque en ese momento, sientes que un poco de ti, sigue vivo en esa persona.

 
Esa es la evolución que todos los Maestros desearíamos, pero, por desgracia, esta sociedad no educa para eso, mas bien todo lo contrario. Se les enseña a repudiar al Maestro, ese alumno que te debería hacer sentir que vives en él, se avergüenza de reconocer como y con quien aprendió, te borra de su historia, y si puede, te pisotea por el camino.

Los jóvenes de esta generación necesitan vivir en manadas, donde el mas fuerte triunfa y los ancianos son alejados como si tuvieran la peste. Se sienten fuertes, solo rodeados por otros como ellos, el corazón se lo guardan en un bolsillo y viven según los cánones actuales del triunfador.

No se dan cuenta, que la vida es muy justa, y el joven de hoy es el anciano de mañana, dicen que “el Carma pone las cosas en su lugar”, no lo dudo, lo he visto en numerosas ocasiones, pero el Carma no cicatriza las heridas de ese Maestro despreciado en la plenitud de su vida, como si fuera un trapo viejo. Tal vez el alumno, al vivir lo mismo, aprenda cual fue su error, pero eso no me vale, si me hiciera feliz estaría deseando vengarme y no es lo que quiero. Es una pena que el hombre sea un “Animal” tan tonto que aprenda siempre tarde. No se puede volver en el tiempo y recuperar esos momentos perdidos, “todo lo que me quedó por aprender”.

Ser Maestro es un regalo que recibes de alguien que amaba su profesión, y te hizo que la amaras, un legado que se transmite, no se compra. Puedes pagar un millón de clases, pero si no hay alguien que te quiera enseñar, pasas por ellas como llegaste.

Muchos bailarines llegan a un punto en el que dicen “Estoy bloqueado, no consigo avanzar” se frustran y generalmente entran en un bucle, del que pocos salen. Mi opinión es que todos los bailarines antes o después, llegan a ese momento de “Ego” en el que piensan que sus Maestros ya no les pueden enseñar. Que ellos saben mas y que lo que se les dice es una perdida de tiempo. Ese momento, que parece no tener importancia, ha acabado con la carrera de muchas personas que, imbuidas de esa supuesta “Sabiduría”, dejan de aprender.

Los que habéis sido Maestros, me entenderéis, ese es el momento mas frustrante de un profesional, ves como todos tus esfuerzos no sirven para nada y cuanto mas intentas tirar de ese alumno mas te desprecia, es triste pero no te queda mas remedio que dar un paso atrás y ver como tu trabajo se va a la porra.

Ser Maestro es una vocación, es la mejor profesión del mundo cuando das con ese alumno agradecido, pero también es la mas frustrante, cuando ves tus esfuerzos diluirse en el “Ego” de ese alumno presuntuoso. Tengo cincuenta y cinco años muchos alumnos a mi espalda, no cambiaría mi trabajo por ningún otro, pero reconozco que hay momentos en los que me pregunto si tanto esfuerzo merece la pena.

La respuesta, es la que supongo habrán dado otros muchos maestros:

SOY MAESTRA, ES LO QUE SE HACER Y SI SOLO UNO DE MIS ALUMN@S, HABRÁ APRENDIDO DE MI, HABRÁ MERECIDO LA PENA.

 

¿SERÁS TU ESE ALUMN@?

sábado, 2 de abril de 2016

EL PAJARO LOCUELO


Este es uno de los cuentos que escribí hace unos años, en Octubre del 2012. Habla de la intolerancia, de como algunas personas tienen la mente tan cerrada, que rechazan todo lo que es diferente, espero que os guste.

 

EL PAJARO LOCUELO

Rosemary Cocchiglia Gambini

 

Cada mañana a lo lejos se oía un bello murmullo, por la lejanía no era fácil saber que clase de sonido era pero sonaba como el canto de una sirena.

Los habitantes de la aldea cada vez tenían mas curiosidad, habitualmente era un paraje tranquilo,  cerca del pueblecito se abría un desfiladero que les ofrecía unas vistas de cuento, en el fondo el intenso follaje del bosque parecía una gran alfombra verde que se teñía de colores con los cambios de estación. La paz y la tranquilidad era la tónica habitual de la vida cotidiana, hasta que una mañana, los vecinos se despertaron con un extraño cántico que les llegaba del bosque. Unos lo atribuían al viento, otros pensaron en algún alma, un fantasma retenido en el paraje que vagaba cantando cada amanecer.

La realidad era que nadie se había atrevido a bajar al bosque para comprobar que era ese sonido tan dulce y alegre. Las especulaciones eran infinitas, cada uno tenía su propia teoría, pero un poco por pereza y un poco por el miedo a esas historias que se contaban nadie quería ser el primero en dar el paso y saber la verdad.

Pitu, una pequeña niña de grandes ojos marrones y coletas rojizas, estaba fascinada por ese canto alegre que le venía a lo lejos, ella no tenía miedo a los fantasmas, su corta edad le daba ese toque de inconsciencia que la hacía ser atrevida y casi temeraria. Una mañana, se había despertado muy temprano, en el cielo todavía había estrellas y una inmensa luna llena que iluminaba el camino. Pitu miraba por la ventana esperando oír ese maravilloso sonido, pero cada vez estaba mas impaciente y de repente pensó, “Este es el día”, porque esperar si se podía acercar a ver de donde salía ese maravilloso cántico.

 
Dicho y hecho, no lo dudo, equipada con una pequeña mochila, en la que puso unos bizcochos, se encaminó hacia el horizonte.

El sendero que bajaba al barranco era escarpado, pero Pitu lo conocía muy bien, había jugado en él toda su corta vida, y a pesar de la oscuridad, lo bajó en un santiamén. Al final del sendero empezaba el bosque, era un entorno abrupto y frondoso que ella nunca se había atrevido a explorar. Las dudas asaltaron a la pequeña Pitu, que empezó a ver monstruos en cada sombra y dragones en cada rama. La niña estaba a punto de dar la vuelta y regresar a casa, cuando el sol asomó sobre los picos de las montañas, esos primeros rayos de luz parecían hacer huir a los dragones que se volvían bellas flores y ramas frondosas. De repente unas notas empezaron a sonar, era un silbido como si alguien tarareara algo, pero era alegre e irresistible. Los miedos de Pitu habían desaparecido y en su cabecita solo había esa idea, la de saber quien hacía esa música tan bonita.

Siguiendo la melodía la niña avanzaba entre las ramas, ya no había sendero pero eso no la frenaba, la melodía era cada vez mas fuerte e irresistible, un paso tras otro se iba acercando e ese precioso sonido hasta que detrás de unas matas pudo ver un claro, medio escondida se asomó, algo le decía que ese era el origen del sonido.



Los grandes ojos de Pitu se hicieron aun mas grandes, no podía creer lo que estaba viendo, el origen de esa bella canción era un gran pájaro. Un inmensa ave que saltaba y corría por el claro lanzando al aire unos sonidos, que repetidos por el eco, daban lugar a ese precioso cántico. En su plumaje se podían ver plumas azules, verdes, rojas y casi todos los colores del arco iris, una inmensa cola con largas plumas, le seguía dando un toque muy especial a sus movimientos, el saltaba a la pata coja como si jugara a la pídola y entrelazaba sus patas como un gran bailarín, sus movimientos eran erráticos y rítmicos giraba y saltaba, todo menos volar. El ave parecía feliz y esa felicidad era contagiosa, su conducta era muy rara, nada convencional y desde luego no era lo que se hubiese esperado de un pájaro, pero estaba claro que él no lo sabía y eso hacía que se sintiese bien, esa era su vida, no conocía ninguna otra, nadie le había dicho nunca que los pájaros no se comportan de ese modo.

La niña llevada por esa alegría salió de su escondite, quería unirse a la fiesta, pero su presencia consiguió el efecto contrario, el ave sorprendida se asustó, su cántico cesó de golpe y escapó entre la maleza. Pitu se sintió muy mal, ero como si le hubiese roto el plato favorito a su mama, no era lo que ella quería, desde luego, no le quería hacer ningún daño, solo quería ser su amiga. La niña compungida, sentía que debía hacer algo para que ese precioso ser supiese que ella era una amiga. Recordó los bizcochos que llevaba en la mochila, sería una ofrenda de paz, no sabía si los pájaros comen bizcochos, pero merecía la pena intentarlo.

Temerosa Pitu dejó uno de los panes en el centro de la explanada y se apartó. Unos minutos mas tarde notó como se acercaba alguien, llevado por el aroma de los dulces, el pájaro había regresado, los dos se miraban sin atreverse a hacer ningún movimiento, era una situación tensa, era evidente que ambos sentían curiosidad, pero con una tensa cautela que estaba desesperando a Pitu. La niña en un nuevo intento de acercamiento, empezó a tararear esa melodía que había escuchado tantas mañanas, tal vez ese era el idioma del ave, algo tan bonito no podía ser malo. El pájaro sorprendido se unió al cántico, sus patas empezaron a moverse y sin ser muy consciente de lo que hacía se acercó a la niña, algo en su interior le hizo confiar en ella, él sabía que no le haría daño y poco a poco, toda esa desconfianza inicial, se fue volviendo curiosidad.

Ese fue el comienzo de una gran amistad, Pitu cada día al amanecer, se acercaba al bosque a ver a su amigo con el que cantaba y bailaba despreocupada.

Tanto paseo de la niña, empezó a levantar habladurías en el pueblo, todos se preguntaban donde iría cada mañana y sobre todo, como sus padres no decían nada. Era una niña pequeña que cada día se alejaba sola, y si le pasaba algo.

Pitu había contado en casa su secreto, su familia la había acompañado al bosque y habían conocido a ese ser tan especial, ye eran muchos los que cada día se acercaban a la explanada para contagiarse de la energía de ese extraño ave que habían empezado a llamar “El pájaro Locuelo”, pero temían que las personas menos flexibles del pueblo, no entendieran la conducta de esa extraña ave. Un pájaro que en vez de volar salta, brinca y baila y en vez de piar, canta, es un bicho muy raro para cualquiera, que pasaría si esas personas intolerantes llegaban a saber de su existencia.
 

Los habitantes de la aldea se dividieron en dos bandos los que chismorreaban y hacían preguntas mordaces y los que, a escondidas, se unían al ave y danzaban felices todas las mañanas. Era un secreto a voces, cada día, una persona mas se unía a esa fiesta improvisada del bosque, todos eran personas de buen corazón y eso hacía que el pájaro locuelo les aceptara de buen grado, pero ya eran demasiados y mantener el secreto se hizo imposible.

La noticia llegó a oídos del alcalde, un hombre serio y poco amigo de fiestas. Uno se los vecinos, le había contado que en el bosque había un extraño personaje con una conducta mas que rara que rayaba la locura. No se si ese calificativo se puede aplicar a un ave, y menos a un ser feliz, que solo por tener una conducta diferente, llama la atención, pero esa palabra hizo que saltaran todas las alertas del pueblo. La gente ni siquiera sabía que estaban hablando de un pájaro solo sabían que había un loco en el pueblo. ¡Quien sabe que peligros les acechaban!, ¡Quien sabe si ese ser les traería la ruina!, el clamor popular iba en aumento, eran cuatro vecinas, cuatro urracas que solo querían malmeter, pero era suficiente para que el alcalde decidiera actuar.

¡Semejante criatura en su pueblo! Una de dos, o la tenía que prohibir o sacaría algún partido económico de esa situación, pero estaba claro que no se podía mantener al margen.

El alcalde reunió sus tropas, y a la mañana siguiente se encaminó al bosque, sabía donde buscar, bastaba con seguir la senda que tras semanas de idas y venidas por el bosque, se había abierto.

Cuando llegaron a la explanada y pudieron ver toda esa gente danzando y cantando entre carcajadas, el alcalde montó en cólera, eso era una bacanal en toda regla y en honor a la ley y a los buenos modales él lo debía impedir. Mandó que rodearan al grupo y que les apresaran a todos. Entre gritos y forcejeos todos los asistentes fueron apresados, hasta el pobre pájaro locuelo que al haber conocido a tantas personas buenas pensó que los guardias también lo eran y un poco llevado por la sorpresa, un poco por su incapacidad de volar, se vio enjaulado en la plaza del pueblo.

Tras el revuelo, las cosas volvieron a la normalidad en la aldea, bailar en el bosque no era ningún delito, por lo que los habitantes del pueblecito regresaron a sus casas sin problemas, pero el pájaro se quedaría enjaulado, un bicho tan raro no podía andar suelto, además sería un buen reclamo para que personas las aldeas cercanas vengan a visitar el pueblecito propietario de semejante prodigio.

El alcalde lo tenía todo claro, no consentiría rarezas en su municipio y ese bicho sería una buena fuente de ingresos.



Los amigos del ave habían protestado y se habían manifestado en contra de la decisión del alcalde, pero quien escucha a una niña y a unos raritos que iban a bailar con un pájaro al bosque. En el pueblo debía reinar la cordura y el alcalde haría que así fuese.

Pitu estaba muy triste, intentaba estar cerca de su amigo Locuelo, pero no la dejaban que se quedase con él y el pájaro cada día estaba mas triste. Ya no se oía ese cántico tan bonito, por las mañanas solo había silencio. Un silencio atronador que solo venía roto por el ruido de las máquinas que empezaban la faena diaria.

El ave nacida libre, no entendía como había llegado a ese horrible lugar, asfalto y barrotes en vez de plantas y naturaleza, eso le pasaba por haber confiado de esos seres a dos patas, que no entienden nada de nada. La pena se fue apoderando del pájaro locuelo, ya no quería comer, solo soñaba con esa libertad que había perdido.

Cada día alguien se ponía delante de la jaula y le gritaba cosas horribles que le hacían sentir mal. Nunca en su vida, se había planteado ser diferente, y además ¿diferente a que?, él era feliz siendo como era, nunca había echado de menos volar, hasta ese horrible día, en el que lo enjaularon. Esa no era vida para un pájaro cantor como él y además, no la quería vivir.

Todo el entorno se estaba contagiando de su pena, ese pájaro que un día llevó a la aldea tanta felicidad, con su energía y ese canto tan contagioso, ahora estaba transmitiendo todo lo contrario. No había ni un sonido, ni un gemido, pero ese silencio era suficiente para saber que las cosas no iban bien.

Poco a poco las plantas del lugar se iban secando, las cosechas no daban frutos y hasta el bosque, ese frondoso bosque lleno de flores se había vuelto un erial. Los niños no aprendían, porque solo pensaban en lo triste que estaría el pobre pájaro, y los adultos estaban desganados todo el día y descuidaban demasiado a menudo sus tareas. La aldea ya no era ese brillante lugar con gente hacendosa y feliz, solo era un pueblecito mas, con personas tristes que sobrevivían como podían.

Pitu ya no podía mas, tenía que hacer algo antes que su amigo el pájaro muriera de pena. Ya había intentado rescatar a su amigo, pero la habían pillado y le había caído una buena reprimenda, pero Pitu sabía que esa era la única solución. La primera en acercarse al ave había sido ella, si no hubiese sido tan curiosa nunca habrían descubierto a su amigo y no hubiese acabado entre rejas. La niña se atormentaba con esa idea y cada día vigilaba y vigilaba la jaula, con la esperanza de encontrar ese momento perfecto para llevar a cabo la fuga.

Una noche oscura, los guardias se habían dormido, ese era el momento, entonces o nunca. La pequeña niña se armó de valor y cortó las cuerdas que retenían al pájaro, el animal atónito ya no entendía nada pero estaba demasiado débil y no era capaz de andar. La niña no podía con ese inmenso pájaro, y por mas que tiraba de él, no conseguía que se moviera.

De repente, cuando menos lo esperaba, una mano la apartó, el corazón de Pitu dio un vuelco, la habían vuelto a pillar, cuando recobró el aliento miró a la jaula, esos humanos, amigos del pájaro Locuelo, que hasta entonces no habían tenido el valor de hacer nada, se habían unido a la niña, entre todos llevaron al pobre pájaro hasta el claro del bosque, le hicieron comer y poco a poco el animal fue recobrando sus fuerzas.

Locuelo estaba hecho un lío, ¿los humanos eran buenos o malos?, esos humanos parecían ser buena gente, pero y los otros, ¿ que les pasaba a los otros?, ¿Por qué se comportaban así?

Casi era de día y si las personas no querían ser descubiertos debían volver a la aldea y a sus tareas, estaba claro que, en cuanto descubriesen la jaula vacía todos esos defensores de la “Vida normal” pondrían el grito en el cielo e intentarían volver a capturar al pájaro Loquillo, pero sus amigos estaban firmemente decididos a impedirlo.

Cuando Loquillo se quedó solo en el bosque, se dirigió al antiguo roble, un anciano y sabio árbol, se podría decir que era el árbol mas viejo del lugar, y le planteó todas esas preguntas que le rondaban por la cabeza. El árbol con la sabiduría que dan los años, escucho todas las quejas de Loquillo.

El Roble asentía con paciencia y comprensión, cuando el pájaro por fin se callo, el roble meditó sus palabras y le dijo:

“Querido amigo, el mundo está lleno de seres de lo mas diferente, es el equilibrio cósmico, unos son buenos otros malos, unos altos otros bajos, unos tienen plumas otros pelos. Amar este mundo es aceptar esas diferencias, no siempre las entenderemos, pero debemos respetarlas. La mayor parte de los seres vivos del mundo, aceptan que otro pueda ser diferente, pero unos pocos, movidos por el miedo a lo desconocido, lo rechazan. Rechazan todo lo que no entienden, esas personas son las mas pobres del universo, su corazón carece de generosidad, y sus mentes son muy chiquititas, no seas como ellos y no los rechaces a priori. Esas personas tan cerradas solo nos deben dar pena, porque en sus vidas nunca sabrán lo que es imaginación, alegría, amor, amistad o felicidad, solo tendrán un vano espejismo de conceptos aprendidos, pero nunca se atreverán a experimentar la libertad que da ser diferente.”

Locuelo era un pájaro muy joven y, la verdad, no entendía muy bien esas palabras. El gran Roble era muy sabio y si lo había dicho sería cierto, pero que podía hacer un pajaruelo como él con ese consejo. ¿Se debía fiar, o no de los humanos?

Locuelo meditó y meditó, los humanos seguían bajando a verle, pero no todos conseguían acercarse a Locuelo, ese pájaro confiado y feliz, había aprendido el significado de la palabra “Precaución”, pero por desgracia, también la palabra “Desconfianza” y eso le tenía todavía mas confuso.

Locuelo había vuelto a su bosque, había vuelto a cantar y a bailar, volvía a ser feliz y poco a poco, esa energía había vuelto a toda la aldea.

El Alcalde y las cuatro Urracas, muy a pesar suyo, tenían a todo el pueblo en contra, y habían decidido aceptar que, desde que ese pajarraco se había marchado, todo iba mejor. Decirlo de esa manera, era mas fácil que admitir que estaban equivocados, pero la verdad era muy distinta.

Las gentes del pueblecito, y desde luego nuestra amiga Pitu, siguieron contagiándose de esa feliz locura que venía del bosque. Cada uno sacó sus propias conclusiones, pero lo que todos tenían claro, era que la vida era mejor de esa manera.

 
Pasaron los años, Locuelo ya no era un polluelo, no era ningún chaval, sus plumas ya no brillaban tanto, pero su canto seguía siendo hermoso. Nunca llegó a entender “lo de los humanos”, porque son tan diferentes unos de otros, pero lo que si sabía, es que había gente buena y que esos seres buenos, estaban camuflados entre la multitud.

Locuelo se había vuelto un pájaro mas sabio y mas cauteloso, pero lo que tenia claro, es que a él le gustaba ser como era, y si las personas decían que era diferente, pues entonces....
¡VIVA SER DIFERENTE!!!!!

 

Escrito por:  Rosemary Cocchiglia (Octubre 2012)

domingo, 20 de marzo de 2016

¿SABES TRABAJAR EN EQUIPO?


 
Si hiciésemos esa pregunta en una encuesta, estoy segura que un 95% de las personas dirían que SI.

¿Como no voy a saber trabajar en equipo? en el cole aprendes a hacer trabajos en equipo, en el bachillerato y en la universidad se hacen trabajos en equipo y en la vida laboral, se supone que es normal, trabajar en equipo.
 
 
Pero ¿Que se entiende por Trabajo en equipo?
Para la mayor parte de la gente este concepto es un reparto de tareas, tu haces esto, yo lo otro y lo juntamos. Las nuevas tecnologías, favorecen esta forma de trabajo, en el que no hay casi contacto entre los miembros del grupo. Si todos cumplen, el engranaje funciona y el trabajo se entrega en fecha. Es un puzle con responsabilidad compartida, es respetable, pero para mi eso no es trabajar en equipo.

Soy una persona muy independiente, desde hace treinta años llevo mi negocio en solitario, mi frase siempre ha sido “Acierte o me equivoque, será mi responsabilidad”, pero con los años y sobre todo con el baile, he aprendido lo que yo entiendo como, trabajo en equipo.

El mundo del baile te ayuda a entender ese concepto. Si trabajas con un grupo de bailarines, debes compartir tiempo con ellos, por mucho que las nuevas tecnologías te permiten grabar una corografía y enviarla por Internet, no hay un buen trabajo si los miembros de un grupo no trabajan juntos, si no sacan tiempo en sus vidas, para compartir unas horas, con esas personas con las que van a bailar. Hay que igualar movimientos, sensaciones, no digamos si la coreografía tiene cogidas, no salen si no practicas con la gente con la que vas a bailar.

El proyecto puede ser en común o dirigido por una persona, peor lo que no es negociable, es que hace falta un tiempo de trabajo en común, para que las cosas salgan bien.

Ese concepto que, en baile es tan evidente, en la sociedad no se ve igual. Cuando propones un proyecto a alguien, esa persona tiene varias opciones, puede decir que no, que no tiene tiempo, puede poner sus condiciones, o puede aceptar y participar en la propuesta. Yo he aprendido que no debo comprometerme a nada que no esté dispuesta a hacer. Con mas o menos esfuerzo, pero mi implicación debe ser real. ¿Porque ese concepto es tan raro en esta sociedad?
 

Lo habitual es que la gente diga a todo que si, tejiendo un entramado de ideas, proyectos y planes con implicaciones múltiples, una verdadera tela de araña que une a esta sociedad, en unos falsos objetivos que, en el fondo, todo el mundo sabe que son puras quimeras.

Yo creo que la gente acepta con tanta facilidad porque ya nadie cree en nadie. La idea colectiva es: “Tu tira para adelante que si sale algo, ya veré si me apunto”
Creo que esa es una postura muy egoísta, yo no me comprometo a aportar nada, y si tu solo, eres capaz de sacar adelante tu proyecto, me apunto como si me hubiese esforzado desde el principio.
 

Hace unos cuantos años, cuando empezaba como empresaria teatral, tuve que trabajar con uno de los peces gordos del mundo de la escena. Fue una persona que me dio la oportunidad de arrancar, y eso siempre se lo agradeceré, pero el precio que tuve que pagar en aquel momento, no se si hoy, sería capaz de aguantar.

Recuerdo estar horas en el pasillo de su oficina, esperando a que apareciera, estaba citada a las diez y se podía presentar fácilmente a la una. Éramos unas cuantas personas entre artistas y empleados de su empresa, que formábamos cola en ese pasillo, cuando se dignaba a aparecer, pasaba con aspecto altivo entre nosotros, en esos escasos segundos que se detenía delante de ti, daba el visto bueno a tu trabajo o tiraba por los suelos semanas de trabajo. No había replicas, ni segundas oportunidades. Si le querías explicar algo, le tenías que acompañar por la calle, donde él fuera o esperar a que hubiera atendido a todos, para que al final te dijera que no tenía tiempo.

Lo recuerdo como algo humillante, nos trataba como cosas a su servicio, no como personas. Hace años que dejé de trabajar con esa persona, precisamente fue ese trato vejatorio, lo que me disuadió a seguir en su empresa.

Mi sorpresa es que unos años después, me encuentro corriendo detrás de los supuestos colaboradores. Personas que se supone que trabajan conmigo, pero que nunca tiene tiempo, para ese trabajo que debíamos hacer juntos.

NO LO ENTIENDO.... yo se que mi sentido de la responsabilidad me hace tirar para adelante, si me he comprometido a hacer algo, con ayuda o sin ella, yo llevo el trabajo a su final. Eso me hace tragar por situaciones absurdas, pero la verdad, no creo que nadie deba mendigar atención, y menos cuando eres tu quien das trabajo.

Yo creo en ese debate constructivo, creo en el intercambio de opiniones donde unas veces debes ceder y otras convencer. Creo en implicarme en lo que estoy haciendo y creo que una buena colaboración, requiere tiempo.

Cuando empiezo a trabajar con alguien suelo ser muy realista, me gusta sopesar pros y contras, capacidades de mi colaborador y desde luego, mi grado de implicación en el proyecto. Una de las primeras cosas que planteo, en esa colaboración, es lo que espero de la persona con la que voy a trabajar, y desde luego, dejo muy claro que hace falta dedicarle tiempo a ese nuevo proyecto.

 
En ese momento, esa persona está en todo su derecho de decidir no participar, de limitar la colaboración o de poner sus condiciones, pero lo que no se puede hacer es prometer sacar ese tiempo, aceptar las condiciones con frases “puedes contar con migo” o peor aún “Si tengo que dejar esto o lo otro, no hay problema”. Esas frases salen por la boca y en ese mismo momento se vuelven humo, esa persona no está realmente dispuesta a nada y con el paso del tiempo compruebas que cualquier otro plan, proyecto o invitación está por encima de esa supuesta colaboración.

Todo el mundo tiene una vida al margen del trabajo, eso es un derecho del ser humano, pero esa vida, no puede estar siempre por delante de las obligaciones. Cada día es mas frecuente que esos momentos de ocio se antepongan a las obligaciones de los nuevos proyectos.

Cuando alguien habla de un proyecto, lo normal, es que aún no se ha cuantificado la ganancia económica que va a suponer. Como no es una nómina, no me siento comprometido.

Por desgracia en esta sociedad de locos, ese es el concepto de colaboración que tiene la gente. Si no se cuanto voy a ganar, no me interesa, pero si sigo en tu equipo y hay algún beneficio, yo me lo apunto.

Yo me pregunto ¿El trabajo en equipo ya no existe? ¿La ilusión por hacer algo, por crear algo, ya no existe? Si es así, entiendo que el arte haya caído en la deriva en la que está.

Durante un tiempo, pensé que era solo yo que ponía mis esperanzas en las personas equivocadas, pero estos años, lo veo continuamente en otra gente con la que no tengo nada que ver. Gente formal y trabajadora, que lucha, con mucho esfuerzo, por sacar adelante sus sueños. Personas que se ven impotentes, cuando les falla la gente con la que colaboran. ¿Que le pasa a esta sociedad, es que dar tu palabra ya no vale nada?


 
Yo siempre he pensado que los bailarines éramos seres privilegiados, que ese aprendizaje tan estricto, al que nos sometían desde pequeñitos, nos daba una capacidad de trabajo y de compromiso superior al de otra gente.

La sociedad ha cambiado, pero en ese cambio se están perdiendo valores, que yo considero básicos.

Si la palabra de las personas no vale nada, tampoco valdrá en las relaciones o en los compromisos. Antes podías hablar con la gente joven y despertar sus conciencias, hacerles entender que algunas cosas son importantes, y que, cumplir sus compromisos, es una de ellas. Hoy en día, en este mundo de hipócritas, tienes una sonrisa, te asienten a todo lo que les dices, y el resultado final es ..... NADA.

Vivimos un mundo de autistas, que se comunican a través de la tecnología y que son incapaces de expresar sentimientos, afectos o compromiso.

 
Yo me pregunto, ¿Que estamos haciendo?, el contacto con otro ser humano es enriquecedor, es necesario para crecer y para aprender a ser mejor persona.

Vivimos en una sociedad donde cada persona se encierra en su propia burbuja, si eres de ese reducido circulo, tienes una oportunidad, si no estás fuera. En los roles sociales, el circulo es lo primero, cualquier cosa que no implique ese circulo está de mas.

Yo creo firmemente, que abrirse a conocer gente nueva es importante, es enriquecedor y es altamente recomendable.

Mucha gente piensa que viajar es conocer gente nueva. No dudo que viajar te hace aprender y ver que, mas allá de tu mundo, hay mucho mas, pero para mi, es una forma de no arriesgarse a nada.

Esa gente se quedará en su país y tu vuelves a tu entorno, no has tenido que arriesgar nada tuyo, en cambio, abrirte a un nuevo equipo, es permitir que gente nueva y cercana, se acerque a ti. Es dejar que alguien entre en tu vida, aunque sea por unas horas. Cada nuevo proyecto te hace vulnerable y a la vez fuerte. Cada vez que trabajas “de verdad” en grupo, aprendes a encontrar ese equilibrio tan difícil, entre lo que tu quieres, y lo que quieren los demás. Aprendes a conocerte un poco mas a ti mismo y aprendes de cuantos te rodean.

Trabajar en equipo es un reto, pero es aleccionador y conseguir que ese proyecto salga adelante, te llena de satisfacción. Entonces.... ¿Es que la sociedad se ha vuelto tan cobarde, que no es capaz de luchar por algo?