Este blog refleja mis vivencias como maestra de baile desde hace mas de treinta años y algunas reflexiones a las que me ha llevado mi edad y mis experiencias personales.
Espero que estos textos os hagan pensar y que algunas personas los encuentren enriquecedores para su vida y su profesión.



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domingo, 1 de abril de 2018

¿TE DEFINES COMO "UNA PERSONA AGRADECIDA"?


DAR LAS GRACIAS Y SER AGRADECIDO, NO ES LO MISMO


 
Mucha gente confunde decir muchas veces la palabra “Gracias” con “Ser agradecido”.
Desde pequeños, nos educan a dar las gracias por cada acción que se recibe, te abren la puerta y das las gracias, te ponen la comida y das las gracias. Si tus padres te han dado una buena educación, te han enseñado a usar la palabra Gracias como reacción instintiva. Eso esta bien, ser educado, esta muy bien, pero la usamos demasiadas veces por costumbre, porque es lo correcto, pero esta vacía de contenido, es la palabra correcta y ya está.

Ser agradecido, es algo muy diferente, es un sentimiento, es algo que crece por dentro cuando te das cuenta que alguien ha hecho un esfuerzo por ti.

Mucha gente usa la palabra Gracias para no deber nada a nadie, con pronunciar esta palabra, la supuesta deuda, queda saldada y no hace falta volver a pensar en ello. Para cosas pequeñas o eventuales, esta claro que basta, pero muchas de esas pequeñas acciones, hechas por la misma persona y desde el corazón, deberían despertar algo mas en la persona que lo recibe.
 
El que hace la acción, seguramente lo hace por instinto, porque le sale de dentro, pero ....
¿Que pasa con el que recibe esas acciones?

Vivimos en una sociedad bastante escasa de valores, educamos a que todo es debido, que cada ser humano tiene muchos derechos, pero muy pocas obligaciones.

Educamos a la individualidad, a pensar en uno mismo y a no preocuparse mas que por sus propios intereses. Educamos y educamos, pero el legado es de dudosa consistencia.

Hemos creado una sociedad de “Autistas” gente que comparte un espacio con otra gente, pero no saben nada del que esta a su lado, y la verdad es que no le importa nada saber si esa persona esta bien o mal, si es feliz o si necesita ayuda.

Una sociedad efímera, donde la gente esta sujeta a la misma obsolescencia que se dice tiene la tecnología actual. Todo el mundo es prescindible, puede que te falte durante un breve lapso de tiempo, y luego pasa al olvido.

Esa falta de reciprocidad, para mi, la da la falta de esos valores, esos que se van fraguando día a día, con esas pequeñas acciones que te vinculan a alguien.

 
Esta sociedad ha creado seres humanos, con escudo “Anti otros seres humanos”, personas impermeables a esas pequeñas acciones, que de ser vistas y apreciadas, nos harían surgir sentimientos, reacciones y con ellas relaciones. Hoy en día se habla mucho de relaciones humanas, pero en el fondo se huye de ellas.

 
Todo lo que nos rodea es un gran escudo para fingir que tenemos un entorno de personas e intereses, pero la verdad es que la sociedad es un gran montón de personas solitarias, que disimulan y temen dejarse conocer.

Nuestros abuelos creaban esos vínculos en el día a día, cuando decían “Esa es una buena persona”, no se referían a cuanto se había gastado en alguien, eran acciones diarias que dejaban huella en cuantos le rodeaban. Hoy, se valora la gente en función de su dinero o sus títulos, pero pocas veces sus acciones.

Desde hace unos años se ha puesto de moda hablar de “Educación emocional”, esta claro que es, una de las carencias mas importantes del ser humano actual.

Ser agradecido, se puede incluir en ese Pack de valores que faltan, y que se deben trabajar desde la mas tierna infancia.

Cuando alguien hace algo, nos deberíamos preguntar entre otras cosas:

-         ¿Esta obligado?

-         ¿Le ha supuesto un esfuerzo?

-         ¿Porque a mi?

-         ¿He hecho algo para merecer esa atención?
 
Estas preguntas y otras cuantas similares, como poco, me harán pensar en la persona que ha actuado, en mi, y en el valor de esa acción.

Esta claro que al principio la respuesta será “Da igual” o “El/Ella es así”, pero igual que en el anuncio de trafico, en el que la niña se sorprende porque el Padre da las gracias al coche por parar, el que analiza esas acciones, poco a poco verá o mejor dicho, se dará cuenta, que cada acción tiene un valor.

Cada acción es importante, y muchas pequeñas acciones tienen un valor.

Cuando esas pequeñas cosas son negativas, se dice una frase muy común “Es la gota que ha colmado el vaso”, ¿Porque recordamos y le damos importancia a las cosas malas y no a las buenas?

Yo creo que es un fallo de la educación que se da actualmente, todo lo malo persiste, lo bueno pasa desapercibido. Hay mucha gente buena, pero nos gusta mas darle importancia a las cosas malas. Para mi, el verdadero valor de la vida, es tener una huchita llena de esos momentos que te llenan el corazón. La verdadera pobreza no es la falta de dinero, si no, de esos detalles, y la verdadera soledad, es no tener a nadie con quien crear esos vínculos.
 
 
Espero que estas líneas os ayuden a pensar un poco en el mundo que nos rodea, en la gente que pasa por nuestras vidas.

Cada día haceros estas preguntas:

-         ¿He hecho algo por alguien?

-         ¿Han hecho algo por mi?

 
Ponlo todo en una balanza y decide si te hace falta ampliar tus miras, y crear esos vínculos que un día, te harán sentir el corazón lleno.



viernes, 15 de septiembre de 2017

 

 

EMPATIA - DON Y CASTIGO DE SENTIR A LOS DEMAS
 
Hace casi un año que no escribía para el Blog, mil ideas inacabadas, que espero algún día tomen forma, pero nada que me diera el empujón definitivo para ponerme a escribir.
En este tiempo, un sin fin de acontecimientos han entrado y salido de mi vida, cosas buenas y malas, ilusiones y decepciones, muchos disgustos, lagrimas, y algunos momentos de alegría, que hacían que todo se borrara. La verdad es que nada se borra, solo se diluye, porque lo bueno siempre pesa mas que lo malo, pero esos momentos malos siguen al acecho y te hacen tomar decisiones, encrucijadas del camino, que día tras día, te hacen avanzar por el largo camino de tu vida.
 
 
Soy una persona reflexiva, y no puedo archivar las cosas que me pasan sin darles mil vueltas, las preguntas se suceden en mi cabeza ¿Porque ha pasado?, ¿Que ha generado esa situación?, ¿Podría haber hecho las cosas de otro modo?.
Generalmente me guío por mi instinto, mi intuición me suele alertar cuando las cosas no van bien, mi reacción suele ser intentar saber un poco mas antes de decidir, reflexionar, hablar y al final del proceso, DECIDIR.
En mi trabajo manda el sentido común, pero por desgracia, en mi vida privada, me dejo llevar demasiadas veces, por el cariño hacia las personas de mi mundo. Una y otra vez trago por situaciones, que mi orgullo me dice “No puedes aceptar eso”, “Te están tratando mal”, pero, a pesar de esos avisos de mi cabeza, a pesar de conocer las consecuencias de esos momentos, pongo por delante los intereses de mis seres queridos.
 
 
 
Es una rutina aprendida desde pequeña, me educaron en la empatía, lo que no sabía mi madre, cuando de niña me inculcaba esos principios, era que estaba creando en mi, un ser vulnerable, que una y otra vez sufre por ponerse en el lugar de “Otro”.
Dicho así suena raro, si nos educan para entender a los demás, no es nada malo, al contrario, yo creo que es lo que falta en esta sociedad, pero, cuando lo que le pasa a los demás lo haces tuyo, eso se considera “Intromisión”.
Soy una persona cauta, no me abro a cualquiera y menos dejo que cualquiera entre en mi vida. Suelo ser desconfiada, y eso hace que acepte a mi lado a muy poca gente, pero en cambio, me abro a ayudar, a todo el que pueda.
Cuando te comportas así, es muy fácil rodearte de gente aprovechada, que ve en ti, una posible fuente de ingresos, que te utiliza, y que piensa que te puede manejar.
“GRAN ERROR”
No se debe confundir tener un animo noble y con ganas de ayudar, con ser débil y manejable. Generalmente las personas como yo, somos muy conscientes de lo que pasa a nuestro alrededor, pero a pesar de todo, decides prestar tu ayuda.
A diario, es una lucha interna, sopesas pros y contras, lo que esta bien y lo que no quieres, le das mil vueltas a cada decisión, y hay momentos en los que la cabeza, parece que va a estallar.
El colapso total viene cuando, un día decides hacerte valer, y por fin, dices un “Hasta aquí”, en ese momento, que generalmente viene tras años de anularte a ti mismo, de hacer caso omiso de tus sentimientos, de no escuchar como te afecta cada situación, y de como te has sentido menospreciado una y otra vez. En ese momento, vienen las palabras fatídicas, esas que te rompen definitivamente en mil pedazos. Esa misma persona por la que has luchado tanto, te dice “Eres una egoísta que solo piensas en ti”
 
Dicen, que cuando tienes la conciencia tranquila, no te debería importar lo que los demás piensan, pero eso son patrañas.
 
Cuando decides ayudar, no lo haces esperando nada a cambio, no es una compraventa, no quieres que la otra persona haga nada, pero tampoco que sea tan insensible a todo lo que haces, como para no darse cuenta. Y mucho menos que desprecie tus acciones, diciendo, como he oído mas de una vez, “Ella es así”.
 
Si es cierto, soy así, preocuparme e intentar hacer todo lo que esta en mi mano, forma parte de mi carácter, pero nadie me obliga a ayudar, a dar y a preocuparme, es algo que elijo hacer y debe ponerse en el justo valor.
 
Algunos dirían que hablo así, porque me he rodeado de las personas equivocadas, puede ser, tal vez no he sabido elegir a las personas por las que me he preocupado, y seamos sinceros, me sigo preocupando. Pero no es fácil, cada decepción, me la tomo como una lección de vida e intento aprender de ella, pero la humanidad es como es, buitres al acecho, y distinguir entre todos ellos a quien merece la pena ayudar, es una tarea casi imposible. Solo te puedes guiar de tu corazón.

Cada día, se acercan a mi, personas de las que percibo cosas, energía positiva o negativa, que bloqueo una y otra vez. La dejo fluir porque no me afecta. Pero cuando es alguien que quieres, la cosa cambia. A veces intento distanciarme, pero no puedo evitar sentir lo que siente esa persona, y algo dentro de mi, me hace ponerme en su lugar, no lo puedo explicar de otra manera, son sensaciones, que quien las haya sentido, las entenderá.
Es como cuando una madre sabe que su hijo esta en peligro, solo lo sabe, no hay una explicación, solo debes valorar tus emociones y decidir si debes actuar, o estarte quieto.
Es una lucha continua con tigo mismo, pero a veces, no se debe intervenir, a veces, hay que dejar que cada uno recorra su camino y aprenda de sus errores. Otras en cambio, te involucras, y si está en tu mano, intentas ayudar.
 


 
En ese momento estas perdido, has tomado una decisión, la de dejar que los problemas de esa persona te importen, a partir de ese momento, empieza un camino que raras veces acaba bien.
Mientras estés dispuesto a darlo todo, a anularte una y otra vez por ayudar, todo va sobre ruedas. Al principio todo fluye, eres muy “maja”, todos son sonrisas y hasta te dan las gracias, pero el proceso sigue, cada vez la demanda es mayor, cada vez te involucras mas, y si le llegas a coger cariño a esa persona, ya estas perdido.
La etapa de agradecimiento suele venir seguida por la de exigencias, en ese momento es cuando caes en la trampa, tu cabeza te dice “Sal corriendo, esto no va bien”, pero si la persona en cuestión ha sido hábil, y se ha ganado tu cariño, “Tu, te quedas”.
En ese momento te empiezas a ignorarte a ti mismo. Pasas por alto situaciones, que tu orgullo no te lo habría permitido, viniendo de otra persona. Tragas y tragas, hasta que un día, te das cuenta que te estás anulando a ti mismo. Es la sensación de volverse transparente, tu ya no importas, te has vuelto un “Yonki” de la vida de otros. De alguna manera te has anulado tanto, que ese requerimiento constante de atención por parte de las personas de tu entorno, es lo que llena tu vida. Querer gente a tu lado estaría bien, todos necesitamos formar parte de algo, y que las personas que te importan formen parte de tu vida, pero en este caso no es así. La sensación es unilateral, tu sientes que esas personas forman tu vida, pero tu no estás en la de ellos, solo eres una herramienta mas, que usan cada día, y desechan cuando ya no la necesitan.
Mientras des y des, sin rechistar, todo está bien, pero si en algún momento alzas la voz y dices ”Soy una persona, yo también importo”, entonces eres “Egoísta”, eres alguien prescindible e incomodo.
Recibirás malos modos, exigencias, y toda clase de desprecios. Si aún así, sigues diciendo “Existo”, entonces el mas frió de los desprecios y serás apartado de sus vidas, ya no eres útil, solo eres alguien molesto, que se entromete.
 
En la cabeza surgen mil preguntas:
¿Debes luchar por esa persona? – Si pero dentro de unos limites razonables que no acaben con tigo.
¿Cuales son esos limites? – Esa es una pregunta difícil, cada uno tiene una capacidad de aguante y no creo que haya una respuesta, pero lo que si tengo claro, es que el momento que te sientas en peligro, “Corre”
¿Te debes sentir culpable por no hacer algo? – Creo que si tienes la conciencia tranquila de haber luchado y haber hecho todo lo que estaba en tu mano por esa persona, no te debes sentir culpable, pero es inevitable que te preguntes ¿Podría haber hecho algo mas?
Siempre hay algo mas que se puede hacer, pero, para ayudar, la otra persona tiene que querer ser ayudada. Si hay un NO por parte de esa persona, te debes apartar.
¿Te debes sentir culpable por sentirte mal? – Creo que sentirse mal en estas circunstancias, en algo normal, el cariño sigue existiendo y es inevitable que te duela alejarte de alguien que quieres.
¿Es malo llorar? – Tajantemente NO – Llorar es una de las mejores cosa que nos ha dado el cuerpo y la mente humana, es una forma sana de desahogo que, quien la niega, es que tiene miedo a romperse. Mucha gente piensa que llorar es de débiles, yo creo que es de fuertes, dejar que salgan los sentimientos y mas que alguien te vea en ese momento, no es un signo de debilidad, mas bien de que sabes quien eres, y no te da miedo ser vulnerable.
¿Como enfrentarte a ese momento de bloqueo? – No puedo dar una respuesta, cada situación es diferente y cada persona es un mundo, lo que tengo claro, es que demasiadas veces, se acaba tirando de “crear paredes”, que muy lejos de ayudar a solucionar problemas, los agrandan mas.
 
NO SE SI ESTAS REFLEXIONES DE MI VIDA PUEDEN AYUDAR A ALGUIEN. HABRÁ QUIEN REFLEXIONE Y LLEGUE A SUS PROPIAS CONCLUSIONES, Y QUIEN PIENSE, “VAYA LOCA ESTA”. YO SIGO LUCHANDO POR MI VIDA, POR LA GENTE QUE ME IMPORTA Y POR ENCONTRAR MI CAMINO.

¿TU QUE ESTAS HACIENDO?
 

domingo, 20 de marzo de 2016

¿SABES TRABAJAR EN EQUIPO?


 
Si hiciésemos esa pregunta en una encuesta, estoy segura que un 95% de las personas dirían que SI.

¿Como no voy a saber trabajar en equipo? en el cole aprendes a hacer trabajos en equipo, en el bachillerato y en la universidad se hacen trabajos en equipo y en la vida laboral, se supone que es normal, trabajar en equipo.
 
 
Pero ¿Que se entiende por Trabajo en equipo?
Para la mayor parte de la gente este concepto es un reparto de tareas, tu haces esto, yo lo otro y lo juntamos. Las nuevas tecnologías, favorecen esta forma de trabajo, en el que no hay casi contacto entre los miembros del grupo. Si todos cumplen, el engranaje funciona y el trabajo se entrega en fecha. Es un puzle con responsabilidad compartida, es respetable, pero para mi eso no es trabajar en equipo.

Soy una persona muy independiente, desde hace treinta años llevo mi negocio en solitario, mi frase siempre ha sido “Acierte o me equivoque, será mi responsabilidad”, pero con los años y sobre todo con el baile, he aprendido lo que yo entiendo como, trabajo en equipo.

El mundo del baile te ayuda a entender ese concepto. Si trabajas con un grupo de bailarines, debes compartir tiempo con ellos, por mucho que las nuevas tecnologías te permiten grabar una corografía y enviarla por Internet, no hay un buen trabajo si los miembros de un grupo no trabajan juntos, si no sacan tiempo en sus vidas, para compartir unas horas, con esas personas con las que van a bailar. Hay que igualar movimientos, sensaciones, no digamos si la coreografía tiene cogidas, no salen si no practicas con la gente con la que vas a bailar.

El proyecto puede ser en común o dirigido por una persona, peor lo que no es negociable, es que hace falta un tiempo de trabajo en común, para que las cosas salgan bien.

Ese concepto que, en baile es tan evidente, en la sociedad no se ve igual. Cuando propones un proyecto a alguien, esa persona tiene varias opciones, puede decir que no, que no tiene tiempo, puede poner sus condiciones, o puede aceptar y participar en la propuesta. Yo he aprendido que no debo comprometerme a nada que no esté dispuesta a hacer. Con mas o menos esfuerzo, pero mi implicación debe ser real. ¿Porque ese concepto es tan raro en esta sociedad?
 

Lo habitual es que la gente diga a todo que si, tejiendo un entramado de ideas, proyectos y planes con implicaciones múltiples, una verdadera tela de araña que une a esta sociedad, en unos falsos objetivos que, en el fondo, todo el mundo sabe que son puras quimeras.

Yo creo que la gente acepta con tanta facilidad porque ya nadie cree en nadie. La idea colectiva es: “Tu tira para adelante que si sale algo, ya veré si me apunto”
Creo que esa es una postura muy egoísta, yo no me comprometo a aportar nada, y si tu solo, eres capaz de sacar adelante tu proyecto, me apunto como si me hubiese esforzado desde el principio.
 

Hace unos cuantos años, cuando empezaba como empresaria teatral, tuve que trabajar con uno de los peces gordos del mundo de la escena. Fue una persona que me dio la oportunidad de arrancar, y eso siempre se lo agradeceré, pero el precio que tuve que pagar en aquel momento, no se si hoy, sería capaz de aguantar.

Recuerdo estar horas en el pasillo de su oficina, esperando a que apareciera, estaba citada a las diez y se podía presentar fácilmente a la una. Éramos unas cuantas personas entre artistas y empleados de su empresa, que formábamos cola en ese pasillo, cuando se dignaba a aparecer, pasaba con aspecto altivo entre nosotros, en esos escasos segundos que se detenía delante de ti, daba el visto bueno a tu trabajo o tiraba por los suelos semanas de trabajo. No había replicas, ni segundas oportunidades. Si le querías explicar algo, le tenías que acompañar por la calle, donde él fuera o esperar a que hubiera atendido a todos, para que al final te dijera que no tenía tiempo.

Lo recuerdo como algo humillante, nos trataba como cosas a su servicio, no como personas. Hace años que dejé de trabajar con esa persona, precisamente fue ese trato vejatorio, lo que me disuadió a seguir en su empresa.

Mi sorpresa es que unos años después, me encuentro corriendo detrás de los supuestos colaboradores. Personas que se supone que trabajan conmigo, pero que nunca tiene tiempo, para ese trabajo que debíamos hacer juntos.

NO LO ENTIENDO.... yo se que mi sentido de la responsabilidad me hace tirar para adelante, si me he comprometido a hacer algo, con ayuda o sin ella, yo llevo el trabajo a su final. Eso me hace tragar por situaciones absurdas, pero la verdad, no creo que nadie deba mendigar atención, y menos cuando eres tu quien das trabajo.

Yo creo en ese debate constructivo, creo en el intercambio de opiniones donde unas veces debes ceder y otras convencer. Creo en implicarme en lo que estoy haciendo y creo que una buena colaboración, requiere tiempo.

Cuando empiezo a trabajar con alguien suelo ser muy realista, me gusta sopesar pros y contras, capacidades de mi colaborador y desde luego, mi grado de implicación en el proyecto. Una de las primeras cosas que planteo, en esa colaboración, es lo que espero de la persona con la que voy a trabajar, y desde luego, dejo muy claro que hace falta dedicarle tiempo a ese nuevo proyecto.

 
En ese momento, esa persona está en todo su derecho de decidir no participar, de limitar la colaboración o de poner sus condiciones, pero lo que no se puede hacer es prometer sacar ese tiempo, aceptar las condiciones con frases “puedes contar con migo” o peor aún “Si tengo que dejar esto o lo otro, no hay problema”. Esas frases salen por la boca y en ese mismo momento se vuelven humo, esa persona no está realmente dispuesta a nada y con el paso del tiempo compruebas que cualquier otro plan, proyecto o invitación está por encima de esa supuesta colaboración.

Todo el mundo tiene una vida al margen del trabajo, eso es un derecho del ser humano, pero esa vida, no puede estar siempre por delante de las obligaciones. Cada día es mas frecuente que esos momentos de ocio se antepongan a las obligaciones de los nuevos proyectos.

Cuando alguien habla de un proyecto, lo normal, es que aún no se ha cuantificado la ganancia económica que va a suponer. Como no es una nómina, no me siento comprometido.

Por desgracia en esta sociedad de locos, ese es el concepto de colaboración que tiene la gente. Si no se cuanto voy a ganar, no me interesa, pero si sigo en tu equipo y hay algún beneficio, yo me lo apunto.

Yo me pregunto ¿El trabajo en equipo ya no existe? ¿La ilusión por hacer algo, por crear algo, ya no existe? Si es así, entiendo que el arte haya caído en la deriva en la que está.

Durante un tiempo, pensé que era solo yo que ponía mis esperanzas en las personas equivocadas, pero estos años, lo veo continuamente en otra gente con la que no tengo nada que ver. Gente formal y trabajadora, que lucha, con mucho esfuerzo, por sacar adelante sus sueños. Personas que se ven impotentes, cuando les falla la gente con la que colaboran. ¿Que le pasa a esta sociedad, es que dar tu palabra ya no vale nada?


 
Yo siempre he pensado que los bailarines éramos seres privilegiados, que ese aprendizaje tan estricto, al que nos sometían desde pequeñitos, nos daba una capacidad de trabajo y de compromiso superior al de otra gente.

La sociedad ha cambiado, pero en ese cambio se están perdiendo valores, que yo considero básicos.

Si la palabra de las personas no vale nada, tampoco valdrá en las relaciones o en los compromisos. Antes podías hablar con la gente joven y despertar sus conciencias, hacerles entender que algunas cosas son importantes, y que, cumplir sus compromisos, es una de ellas. Hoy en día, en este mundo de hipócritas, tienes una sonrisa, te asienten a todo lo que les dices, y el resultado final es ..... NADA.

Vivimos un mundo de autistas, que se comunican a través de la tecnología y que son incapaces de expresar sentimientos, afectos o compromiso.

 
Yo me pregunto, ¿Que estamos haciendo?, el contacto con otro ser humano es enriquecedor, es necesario para crecer y para aprender a ser mejor persona.

Vivimos en una sociedad donde cada persona se encierra en su propia burbuja, si eres de ese reducido circulo, tienes una oportunidad, si no estás fuera. En los roles sociales, el circulo es lo primero, cualquier cosa que no implique ese circulo está de mas.

Yo creo firmemente, que abrirse a conocer gente nueva es importante, es enriquecedor y es altamente recomendable.

Mucha gente piensa que viajar es conocer gente nueva. No dudo que viajar te hace aprender y ver que, mas allá de tu mundo, hay mucho mas, pero para mi, es una forma de no arriesgarse a nada.

Esa gente se quedará en su país y tu vuelves a tu entorno, no has tenido que arriesgar nada tuyo, en cambio, abrirte a un nuevo equipo, es permitir que gente nueva y cercana, se acerque a ti. Es dejar que alguien entre en tu vida, aunque sea por unas horas. Cada nuevo proyecto te hace vulnerable y a la vez fuerte. Cada vez que trabajas “de verdad” en grupo, aprendes a encontrar ese equilibrio tan difícil, entre lo que tu quieres, y lo que quieren los demás. Aprendes a conocerte un poco mas a ti mismo y aprendes de cuantos te rodean.

Trabajar en equipo es un reto, pero es aleccionador y conseguir que ese proyecto salga adelante, te llena de satisfacción. Entonces.... ¿Es que la sociedad se ha vuelto tan cobarde, que no es capaz de luchar por algo?

 

domingo, 3 de enero de 2016

LA PERESONALIDAD ALQUIMISTA


 
Como ya os habéis dado cuenta, observar al ser humano me fascina, tal vez los años al frente de un sitio público o mis intereses particulares, me hacen interesarme por el carácter de las personas, como son, como actúan y sobre todo, intento entender porqué lo hacen. La evolución social es evidente y el cambio de valores, hace que se puedan observar una infinidad de caracteres y conductas que definen al ser humano. Hoy me gustaría hablaros de las personas que yo defino “Alquimistas”.
 
El “Alquimista” es una personalidad que se entrelaza con otros rasgos de distintos géneros, no tiene un perfil característico ni fácil de identificar, en cambio, es una actitud específica y muy generalizada.

El “Alquimista”, de alguna manera, colecciona personas para su uso particular, ya se que esa descripción equivale a la palabra coleccionista y no alquimista, pero el termino lo he elegido conscientemente y en breve entenderéis el significado.
 
El coleccionista marca su interés en algo concreto y lo hace el objeto de su atención. Poco a poco va reuniendo en sus manos varios de estos ejemplares, con el único fin de poseerlos y admirarlos, de crear su colección. El “Alquimista” acaba con una gran cantidad de especimenes, pero su objetivo inicial no es este, es un proceso de años que se produce a lo largo de toda una vida. El personaje no tiene en ningún momento el anhelo de colección, esta es el resultado de su conducta, un resultado a veces voluntario, otras inconsciente, que le lleva a este fin.
Al principio os he dicho que no hay un carácter específico para esta conducta, los único factores que se pueden destacar son el egoísmo, vivir una vida centrada en ellos mismos y la falta de empatía.

Su faceta Egoísta les hace pensar solo en sus propias necesidades y el resto de la humanidad existe, pero en un segundo plano. Igual que en un supermercado, el sujeto vaga por la vida escogiendo lo que necesita en cada momento, la gente es utilizable, si necesitas algo lo coges y ya está. Esta actitud es casi una regla de vida, en la sociedad que vivimos. Hace no mucho, alguien me dijo “ Los colegas y los amigos son para un interés” ese es el concepto, la gente está para usarla y ya está.
 
 
La persona de carácter “Alquimista” es sociable y “buen amigo”, agradable en el trato y aparentemente abierto. Permite que le gente se acerque y que comparta una pequeña parte de su vida, en ese momento, esa persona es el centro de su atención, la victima debe cubrir sus necesidades, puede ser un amigo, un familiar, una pareja o alguien del trabajo, lo importante es que, en ese instante, esa persona cubra las carencias del momento.
 
Todo el mundo busca apoyos, si necesitas algo en alguno de los ámbitos de tu vida, buscas quien te puede ayudar, eso es sano, pedir ayuda es una de las cosas menos valoradas por esta sociedad, pero no me quiero desviar del tema, las carencias a las que me refiero, no son de una circunstancia concreta, son carencias personales que el sujeto cubre adueñándose de algunos aspectos de quien le rodea. En ese momento es como un “Vampiro Emocional”, absorbe la energía de quien está a su lado, demanda mas y mas atención, mas y mas tiempo, nada es suficiente, porque realmente lo que hace es volcar sobre su victima sus propias insatisfacciones.

La persona escogida por el “Alquimista” pasa a formar parte de su vida, pero será participe de una forma intermitente y según las necesidades del “Alquimista”, habrá temporadas de gran interés y participación, pero cuando él o ella quieran, esa persona, pasará a formar parte de un inmenso expositor lleno de tarritos, en los que permanecen almacenadas las personas que, en algún momento, han pasado por el mismo proceso.

Igual que un alquimista se rodea de sus productos químicos, tarros y envases, los coleccione y cataloga, mezclándolos una y otra vez para buscar esa formula perfecta. Nuestro sujeto, al que yo llamo el “Alquimista”, colecciona personas con las que interactúa, buscando su equilibrio perfecto.

Nadie es desechable, consciente o inconscientemente, esas personas solo se almacenen a la espera de volverlas a necesitar.

El “Alquimista” les va dando pequeñas dosis de atención, como el que riega una planta o cultiva un experimento, no dejará que se mueran, poco a poco y a turno, las reavivará y utilizará. Ni siquiera las relaciones fallidas o las que no le han aportado nada bueno, son desechadas, no puede. Es una necesidad compulsiva de mantener viva la llama.

El “Alquimista”, en ningún momento se plantea como se sienten esas personas que utiliza habitualmente, ¿Que derecho tienen a quejarse, con lo que él o ella, se ha volcado por esa persona?.

Cuando ya no las considera útiles, las relaciones pasan a un estadio de congelación emocional, como unas muestras sumergidas en Formol. Antes de archivarlas, las relaciones toman su nombre “Amigo, Amiga”, “Ex Novio, Ex Novia” cada uno asume un rol en esa vida, pero nadie de verdad forma parte de ese entorno, si el sujeto no lo quiere. Son como un montón de marionetas a las que se les deja su propia autonomía hasta que el “Alquimista” decide recuperar el control. En ese momento hace un verdadero alarde de sus mejores armas de seducción. Un autentico escaparate para engañar a la victima, que generalmente cede ante el despliegue.

El “Alquimista” es listo y capta para sus experimentos a personas que están de verdad dispuestas a abrirse a esa relación, que durante un breve periodo, parece autentica. En el proceso de captación todo vale, pero una vez terminado ese breve momento, tras haber satisfecho la necesidad del momento, se quedan solo las que le han entregado su confianza. Esa confianza es la que les atrapa y las convierten en victimas del “Alquimista”.

Cuando confías en alguien no te planteas que te pueda hacer daño, ni que te pueda estar utilizando, disculpas los malos momentos y estas dispuesto a perdonar. Ese estado de ánimo, es el que nuestro sujeto en estudio utiliza. Cuando lo considera oportuno, se aparta, sabiendo que dejar a su paso, una estela de dolor que sabe, le será perdonada cuando él quiera, en aras de esa supuesta relación. Ese control y la falta de empatía hacia el sufrimiento que deja atrás, es lo que caracteriza al “Alquimista”, es un gran manipulador que piensa que la humanidad entera esta allí para sus propios fines y no hay barreras morales o éticas que le detengan.

El “Alquimista” tiene una personalidad escurridiza, fácil de camuflar en una sociedad como la que vivimos, donde todos somos prescindibles y nada importa.
 
Los valores como Ética, Empatía o Respeto son cosa de otras generaciones, no se de cual, porque ya queda poca gente que tenga en su vida valores morales como bandera, pero queda bien decir “yo te respeto” o “Tu me importas”. Por desgracia, se han vuelto palabras vacías de ese contenido que salía del corazón y que marcaba esa raya ética, que no estabas dispuesto a cruzar.
 

En la sociedad actual, las personas que se las dan de “Buena gente” usan un concepto, para mi, de dudosa moral, si no te digo algo, eso me da licencia para todo. Si no te digo a la cara y de una forma explicita “Me importas”, “Te quiero”, “Ayúdame”, “No quiero” o “Adiós” no estoy haciendo nada malo.

El solo hecho de omitir esas palabras, es igual a una licencia para el “Todo Vale”. Como no lo he dicho, no estoy comprometido y puedo hacer lo que quiera. Donde quedó el día a día, donde la sinceridad o el lenguaje no verbal. Con decir, “Eso o aquello, son cosas tuyas yo nunca te lo dije”, todo está resuelto. Yo creo en un código moral diferente, tal vez en desuso, creo en la sinceridad y en decir lo que piensas o sientes, aunque eso te perjudique. Creo que usar a la gente, mas cuando hay unos sentimientos en juego, es de NO ser buena persona, está mal.

El “Alquimista”, juega con esos sentimientos en su propio beneficio, a su manera, necesita esa gente en su vida y si le faltan lo pasa mal. A su manera esa gente le importa, pero solo porque si no les tiene, va a sentir una vez mas, ese vacío interior que le lleva a buscar una nueva victima que lo llene. Cada persona debe estar en su lugar, esperando su turno, son piezas necesarias para su propio equilibrio, por eso nadie es desechable en su vida, solo prescinde de quien no se deje manipular. Esa persona es apartada rápidamente y sustituida por un nuevo sujeto.
 

domingo, 27 de diciembre de 2015

SOLEDAD EN MULTITUD



Las palabras "solo o soledad", creo que son los términos mas usados del diccionario de cualquier lengua. Son palabras que se usan habitualmente en estas fechas, en frases tan bonitas como “Nadie debería estar solo en Navidad”, se usan como amenaza cuando alguien dice “Te vas a quedar solo”, en frases aleccionadoras “Mejor solo que mal acompañado” o en esos momentos que se callan y piensas “Que solo me siento”. En cualquier caso, si hiciésemos un recuento de cuantas veces se usa o se piensa, la palabra "solo" en una vida, saldría ganadora sobre conceptos como felicidad, alegría y hasta amistad.
 
Estar solo o sentirse solo son dos conceptos muy diferentes y no se deben confundir.


ESTAR SOLO

Es cierto que la soledad es algo que afecta a mucha gente en nuestra sociedad, ancianos que están solos o lejos de sus familias, niños que están alejados de sus padres y una infinidad de personas que viven en soledad. Pasó a la historia esa forma de vida en la que nadie estaba solo, si no quería. Era una sociedad en la cual las puertas de las casas estaban abiertas para dar cobijo a esas personas que lo necesitaban, hoy en día, eso está reservado solo a las películas. Nuestra sociedad es individualista, cada persona es un núcleo aislado, que se une solo a los mas allegados.

El concepto de acercamiento es cada vez mas efímero, un WhatsApp es suficiente para acallar tu conciencia y pensar que le has dado un segundo de compañía a esa persona que, además, debe estar agradecida por haberte acordado.

Hace años, si apreciabas a alguien, intentabas tener un rato para ver a esa persona y si no, hacías una llamada de teléfono para un rato de charla. Hoy esas visitas son cada vez mas escasas. Si formas parte del circulo habitual, a lo máximo que puedes aspirar es a una conexión On-Line en una de las redes sociales, si no formas parte de ese circulo privilegiado, NADA.

¡Que Horror!!! ¿Donde está el contacto humano, donde se quedó la necesidad de ese abrazo o de esa caricia de la abuela?, ¿Donde está la necesidad de ver a la gente que te importa?. Tal vez, ese es el problema, que la gente, cada vez importa menos.

La palabra soledad es un concepto muy diferente a estar solo. Hay muchos motivos por los cuales alguien está solo y no todos son negativos. A veces hace falta un rato a solas, ese rato para aclarar tus ideas, para recuperar fuerzas o para encontrarte a ti mismo. Eso no es malo, casi todo el mundo necesita un rato así, ese momento solo tuyo que yo diría es hasta enriquecedor.

SOLEDAD

El concepto de Soledad es otra cosa, cuando estás solo por tu propia voluntad, sabes que cuando quieras puedes volver a estar con gente.

Estar solo por circunstancias de la vida, por no tener familia o por estar alejado de la gente que te importa es triste. Les añoras y la pena es muy grande, por desgracia ese dolor no lo acalla nada, ni siquiera la buena voluntad de la gente que te quiera ayudar. Cada persona es insustituible y si te falta alguien, no hay nadie que pueda llenar ese hueco.
Odio la frase “Nadie es imprescindible” eso será en el trabajo o en entornos no afectivos, en esas circunstancias es aceptable, pero cuando se trata de sentimientos, cada persona es única, cada uno tiene su sitio en el corazón y si te falta alguien querido, eso es una herida que no se cierra, solo la ignoras en algunos momentos.
 

Hay muchos motivos por los que la gente está sola, pero para mi, hay un concepto que es igualmente duro y es “Sentirse Solo”

SENTIRSE SOLO

Sentirse solo es un sentimiento profundo, que te invade poco a poco y que se instala en el corazón. Para mi es una de las peores soledades, sentirte solo rodeado de gente, a veces, es insoportable.

No se si alguna vez habéis sentido esa sensación de ser transparentes, la gente pasa por ti y por tu vida, pero tu no existes mas que para cumplir con las expectativas de cuantos te rodean. Trabajas, atiendes a los tuyos, hablas, sales y te rodeas de gente, pero.... en algún momento te has perdido por el camino.

Te das cuenta que, aunque hablas, lo que dices no es escuchado. Empiezas una frase y a veces ni la terminas, te das cuenta que tu interlocutor está en otra cosa, incluso en mitad de tu frase, oyes ese ronquido que te dice, cállate y vete a otro lado, lo que dices no le importa.

Al principio no le das importancia, te repites, está cansada o es un mal momento. La mayor parte del

tiempo lo dedicas a escuchar a los demás, eso está bien, si tienes la capacidad de escuchar, tienes un Don y no se debe ser egoístas.
 
Escuchas y aconsejas a cuantos lo necesiten, escuchas en casa, escuchas en el trabajo, al leer recibes información, esa capacidad de escuchar es enriquecedora, absorbes la energía que la gente te transmite, tanto la buena como la mala. Aprendes a filtrar la mala y a quedarte con la energía positiva que la gente te da, pero en algún momento te das cuenta que tu ya no estás. O mejor dicho, que has anulado esa parte de ti mismo, que necesita expresar lo que piensa y lo que siente, sigues ahí, pero tu esencia y tus sentimientos, lo que te hace humano, está tan escondido en tu interior, que casi has desaparecido.

Un día te encuentras contándole tu vida a un completo desconocido que te mira con cara de “A mi que me importa”, pero o hablas, o estallas. Cuando te das cuenta de la situación es cuando empiezas a preguntarte ¿que ha pasado?, eres un buen comunicador, ¿Porque ya no hablas de ti o de lo que te pasa?

En ese momento, vienen a tu memoria un sin fin de momentos, esa vez que necesitabas hablar y no encontraste con quien hacerlo. Esa otra persona con la que parecía que habías conectado, habíais mantenido largas charlas y un día te dice “Estoy harto de tus batallitas” o “me he tenido que tragar todas tus mierdas”. El remate fue esa persona en la que habías confiado y te das cuenta que usa tus confidencias para herirte o para alguna acción en tu contra. Vaya humanidad!!!!

Poco a poco te has ido encerrando en ti mismo y ya no confías en la gente. Te has acostumbrado a no decir lo que sientes o lo que piensas, solo escuchas y ayudas en lo que puedes. Los sentimientos crecen en tu interior como un gran bollo lleno de levadura, que desborda el molde y que estalla en el horno. Tu sigues vivo y por mucho que quieras acallar esos sentimientos, la vida sigue, las penas y alegrías pasan por ti generando emociones, emociones que no puedes disfrutar ni contar, porque tu no importas.

Día a día estás ahí para quien te necesita, eres fuerte y eso te hace aguantar, pero tienes la sensación que si alguien, en algún momento te toca, te vas a romper en mil pedazos.

Esa misma sensación es la que hace que te bloquees aún mas. Es paradójico, necesitas hablar y abrir tu corazón, pero sabes que si lo haces te vas a arrepentir.

 
Es un circulo vicioso difícil de romper, cada paso que das para acercarte a la gente te hace sentir mas solo, cada intento es una nueva decepción. Buscas pequeñas válvulas de escape que te permiten aguantar, pero sabes que son eso, válvulas de escape. Lo que te haría romper ese circulo, es que algunas de esas personas que te han ignorado, personas que te importan, demostraran un verdadero interés, pero como fiarte, ya te han hecho daño antes, y ahí te quedas en medio de esa espiral sin saber como romperla.
 

Supongo que alguien se habrá sentido identificado con toda esa parrafada, creo que es una sensación mas común de lo que la gente pueda pensar.

En nuestra sociedad hay de todo, gente egoísta que solo piensa en si mismos, a esos les da todo igual, mientras ellos estén bien todo está bien. Gente demasiado ocupada para reflexionar, sentir o dedicarle tiempo a nadie y gente con esa sensibilidad a flor de piel, gente a los que les importan los demás. Pobrecitos, esos son los que lo van a pasar mal, ser sensible en una sociedad de buitres, es una de las peores cosas que te pueden pasar.

Seas como seas, no eres inmune a la soledad, a ese momento en el que necesitas alguien en tu vida y por mas que mires a tu alrededor, ves un desierto emocional. Para algunas personas es una etapa pasajera, para otros, es su forma de vida habitual, en cualquiera de los casos es malo, duro y es uno de los peores momentos de la vida.